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Octubre de 1962: ¿Acaso fue Fidel Castro quien puso al mundo al borde del holocausto mundial?[1]

tomado del blog Dialogar, dialogar

Elier Ramírez Cañedo

Todavía se observa en cierta literatura los enfoques que, al exponer e interpretar la llamada Crisis de Octubre, señalan a Cuba como la máxima responsable de poner al mundo al borde del holocausto mundial. Ello también responde a la manera errada en que se manejó la crisis, en especial por la dirección soviética, siendo Cuba la más desfavorecida tanto en su imagen internacional como en la solución a que llegaron Kennedy y el premier soviético Nikita Jruschov.

La manera en que Jruschov actuó al producirse la crisis, cuando sin contar con la dirección cubana negoció con Kennedy la salida de los cohetes nucleares de la Isla, y peor aún, de manera subrepticia negoció esa salida a cambio de la retirada de los misiles nucleares estadounidenses ubicados en Turquía e Italia, dejan mucho que desear sobre las verdaderas o fundamentales motivaciones que tuvo Jruschov a la hora de proponer a los cubanos la instalación de los cohetes en Cuba. ¿Qué tenían que ver los cohetes de Turquía e Italia con la defensa de Cuba? ¿Por qué no exigió se devolviera a la Mayor de las Antillas el usurpado territorio de la Base Naval de Guantánamo, se eliminara el bloqueo económico u otros aspectos que sí se ajustaban a los intereses de la Isla?

A pesar de que en las concepciones defensivas ya elaboradas para entonces por parte de la máxima dirección cubana, los misiles nucleares no estaban comprendidos, y de la conciencia de los líderes cubanos de que su presencia en el territorio insular podía afectar el prestigio de la Revolución, se aceptó la instalación de los cohetes, a partir de que se cumplía con un principio ineludible de apoyo internacionalista con el Campo Socialista y la URSS en particular, sobre cuya amistad no existía la menor duda, porque la había demostrado muchas veces. Se trataba entonces de que si la URSS había estado siempre dispuesta a ayudar a Cuba en los momentos más críticos, no se podían esgrimir intereses nacionales estrechos, cuando los que estaban en juego eran los intereses del Campo Socialista como un todo y por supuesto, vistos en un sentido más estratégico, los de la capacidad para defender a Cuba también.

Mucho se perdió en el terreno moral, político y diplomático cuando los soviéticos decidieron que la instalación de los cohetes nucleares en Cuba se hiciera de manera secreta, y solo hacerla pública cuando fuera un hecho consumado, al que Estados Unidos supuestamente tendría que resignarse. El líder de la Revolución Cubana defendió en todo momento que la operación se hiciera pública bajo el respaldo del derecho internacional, pues no había nada ilegal en ello. Aunque mantuvo el criterio de que los soviéticos eran los que debían tomar la decisión final, por consideración a su gran experiencia internacional y militar.[i]

La famosa y tantas veces manipulada carta de Fidel a Jruschov escrita entre la noche del 26 y la madrugada del 27 de octubre (traducida y enviada al líder soviético desde la embajada de la URSS en La Habana), ha sido uno de los documentos más utilizados para ubicar al líder de la Revolución como un «irresponsable» y hasta un «loco», que puso en riesgo la existencia humana en la faz de la tierra.

Hay que decir que si para Estados Unidos la crisis había comenzado en octubre de 1962, Cuba vivía una crisis que amenazaba su supervivencia como nación independiente y soberana desde enero de 1959, enfrentada a las más disímiles formas de agresión del gobierno de Estados Unidos, incluyendo la invasión mercenaria de Playa Girón en abril de 1961. La «Operación Magosta», la más amplia operación de guerra encubierta, elaborada e implementada por Estados Unidos contra otro país, aprobada por el presidente Kennedy en noviembre de 1961, debía concluir con la invasión directa de las fuerzas armadas estadounidenses en la Isla, precisamente en octubre de 1962.

La carta enviada por Fidel a Jruschov no proponía dar el primer golpe nuclear preventivo, sino que, en caso de producirse la invasión a Cuba —la variante menos probable—, no vacilara la URRS en responder con armas nucleares, evitando cometer los mismos errores de la Segunda Guerra Mundial,[ii] pues la invasión significaba que ya Estados Unidos se había decidido a iniciar la guerra termonuclear lanzando el primer golpe nuclear contra el país soviético. Es de destacar que si Fidel hubiera dominado el estado real de la correlación de fuerzas nucleares, con una ventaja aplastante para el lado norteamericano, esta misiva jamás se hubiera producido, pues significaba incitar al líder soviético al suicidio de su pueblo.

Fragmentos de las cartas intercambiadas por ambos líderes en esos días de tensión, muchas veces citadas inconexamente, ilustran de manera fehaciente la verdad histórica:

Mensaje de Fidel a Jruschov, el 26 de octubre:

Hay dos variantes posibles: la primera y más probable es el ataque aéreo contra determinados objetivos con el fin limitado de destruirlos; la segunda, menos probable, aunque posible, es la invasión. Entiendo que la realización de esta variante exigiría gran cantidad de fuerzas y es además la forma más repulsiva de agresión, lo que puede inhibirlos.

(…) Si tiene lugar la segunda variante y los imperialistas invaden a Cuba con el fin de ocuparla, el peligro que tal política agresiva entraña para la humanidad es tan grande que después de ese hecho la Unión Soviética no debe permitir jamás las circunstancias en las cuales los imperialistas pudieran descargar contra ella el primer golpe nuclear.

Le digo esto porque creo que la agresividad de los imperialistas se hace sumamente peligrosa y si ellos llegan a realizar un hecho tan brutal y violador de la Ley y la moral universal, como invadir a Cuba, ese sería el momento de eliminar para siempre semejante peligro, en acto de la más legítima defensa, por dura y terrible que fuese la solución, porque no habría otra.[iii]

Jruschov a Fidel el 30 de octubre:

En su cable del 27 de octubre Ud. nos propuso que fuéramos primeros en asestar el golpe nuclear contra el territorio del enemigo. Usted, desde luego, comprende a qué llevaría esto. Esto no sería un simple golpe, sino el inicio de la guerra termonuclear.

Querido compañero Fidel Castro, considero esta proposición suya como incorrecta, aunque comprendo su motivo.[iv]

Fidel a Jruschov el 31 de octubre:

No ignoraba cuando las escribí que las palabras contenidas en mi carta podrían ser mal interpretadas por usted y así ha ocurrido, tal vez porque no las leyó detenidamente, tal vez por la traducción, tal vez porque quise decir demasiado en pocas líneas. Sin embargo, no vacilé en hacerlo. ¿Cree usted compañero Jruschov que pensábamos egoístamente en nosotros, en nuestro pueblo generoso dispuesto a inmolarse, y no por cierto de modo inconsciente, sino plenamente seguro del riesgo que corría?

(…)

Nosotros sabíamos, no presuma usted que lo ignorábamos, que habríamos de ser exterminados, como insinúa en su carta, caso de estallar la guerra termonuclear. Sin embargo, no por eso le pedimos que retirara los proyectiles, no por eso le pedimos que cediera. ¿Cree acaso que deseábamos esa guerra? ¿Pero cómo evitarla si la invasión llega a producirse? Se trataba precisamente de que este hecho era posible, de que el imperialismo bloqueaba toda solución y sus exigencias eran desde nuestro punto de vista imposibles de aceptar por la URSS y por Cuba.

(…)

Yo entiendo que una vez desatada la agresión no debe concederse a los agresores el privilegio de decidir, además, cuándo se ha de usar el arma nuclear. El poder destructivo de esta arma es tan grande y tal la velocidad de los medios de transporte, que el agresor puede contar a su favor con una ventaja inicial considerable.

Yo no sugerí a usted, compañero Jruschov, que la URSS fuese agresora, porque eso sería algo más que incorrecto, sería inmoral e indigno de mi parte; sino, que desde el instante en que el imperialismo atacara a Cuba y en Cuba a fuerzas armadas de la URSS destinadas a ayudar a nuestra defensa en caso de ataque exterior, y se convirtieran los imperialistas por ese hecho en agresores contra Cuba y contra la URSS, se le respondiera con un golpe aniquilador.

(…)

No le sugerí a usted, compañero Jruschov, que en medio de la crisis la URSS atacara, que tal parece desprenderse de lo que me dice en su carta, sino que después del ataque imperialista, la URSS actuara sin vacilaciones y no cometiera jamás el error de permitir circunstancias de que los enemigos descargasen sobre ella el primer golpe nuclear. Y en ese sentido, compañero Jruschov, mantengo mi punto de vista porque entiendo que era una apreciación real y justa de una situación determinada. Usted puede convencerme de que estoy equivocado, pero no puede decirme que estoy equivocado sin convencerme.[v]

Esta carta también ha sido utilizada para sostener la versión de que a los soviéticos, ante las «propuestas irracionales» del líder cubano, no les quedó más remedio que negociar con Estados Unidos de espaldas a la dirección de la Isla. Este aserto no tiene fundamento, en tanto la decisión soviética de hacer proposiciones a los norteamericanos sin tener en cuenta las opiniones de Cuba, habían sido tomadas en Moscú desde el día 25 de octubre, cuando la carta de Fidel no había sido concebida.

Un testimonio de extraordinaria valía para demostrar la falsedad de los criterios que señalan que Fidel incitó a Jruschov a dar el primer golpe nuclear preventivo contra el territorio estadounidense es el de Alenxander I. Alexéiev, quien se desempeñaba en octubre de 1962 como embajador de Moscú en La Habana y a quien el Jefe de la Revolución le dictara el controvertido mensaje:

La noche del 26 para el 27 de octubre Fidel Castro visitó nuestra embajada y dictó el texto de una carta para que se le hiciera llegar a N.S. Jruschov. En la misma se abordaba cuán tensa se había tornado la situación y la posibilidad de un ataque estadounidense (invasión o bombardeos)a Cuba en las próximas24—72 horas. Fidel alertaba a Jruschov sobre la perversidad de los americanos y lo convocaba a tomar todas las contramedidas imprescindibles, aunque en honor a la verdad, sin llegar a concretarlas. Estando todavía Fidel en la embajada, envié un breve cifrado en el que informaba sobre la posibilidad del ataque a Cuba. Unas horas antes nuestros militares habían cursado un telegrama a Moscú en los mismos términos preocupantes. La carta de Fidel salió para Moscú más tarde, una vez que se tradujo al ruso, y no fue hasta la mañana del 28 que llegó a manos de la dirección soviética, cuando ya había sido adoptada la decisión sobre la retirada de los proyectiles. Se sabe también que lo que llegó por víatelefónicadel Ministerio de Asuntos Exteriores de la URSSa la secretaría de Jruschov no fue el texto íntegro del mensaje,sino un resumen, motivo por el cual se pudieron producir imprecisiones.

Este mensaje generó serias incomprensiones, ya que N.S Jruschov en una de sus cartas reconvino a Fidel por haberle supuestamente sugerido que asestara un golpe nuclear preventivo contra el enemigo. La carta de Fidel fue dada a conocer por la prensa cubana y de ella no se infiere semejante conclusión.

Fidel admite que el malentendido se debe a inexactitud de la traducción o a que yo no lo haya interpretado a él correctamente. Quisiera hacer constar con absoluta responsabilidad que la culpa no es nuestra. La traducción de la carta que dictó fue hecha por otros funcionarios de la embajada que conocían bien el español y el texto publicado por Granma es idéntico al de nuestra traducción. Por lo que se puede concluir que los reproches de Jruschov carecen de fundamento. En el mensaje no se hacen semejantes afirmaciones. Todo puede haberse debido al extraordinario estrés al que estaba sometida la dirección soviética y al involuntario deseo de justificar la peliaguda decisión de retirar los proyectiles sin el consentimiento de la dirección cubana.

Reitero que Fidel entonces no instó a que asestáramos un golpe nuclear preventivo, sino que se limitó a alertar que los estadounidenses, conocedores de nuestro apego al principio de no ser los primeros en usar las armas nucleares, podían emprender cualquier aventura, incluido un golpe nuclear. Por lo demás, el bombardeo de los objetivos nucleares soviéticos hubiese sido de por sí equivalente a un golpe nuclear. A mi juicio, Fidel no estaba pensando en un golpe nuclear preventivo, sino en la necesidad de advertirles a los americanos que nuestro respeto al principio de no ser los primeros en utilizar las armas nucleares, no debía ser tomado como una garantía que los preservaría de la represalia. El reproche de Jruschov a Fidel es además improcedente, porque la operación que habíamos emprendido al trasladar los proyectiles a Cuba perseguía el objetivo de intimidar a los americanos, disuadirlos de emprender acciones militares, no de emplear los cohetes.[vi]

A pesar de transcurridos 55 años de aquellos acontecimientos, aun se intenta tergiversar la historia. Lo cierto es que,  como dijera Ernesto Che Guevara en su célebre carta de despedida, al referirse al papel desempeñado por el Comandante en Jefe durante la crisis: «Pocas veces brilló más alto un estadista que en esos días». Solo la posición firme de la dirección cubana, al negarse a cualquier tipo de inspección en el territorio cubano, al plantear los Cinco Puntos[vii] e impedir en todo momento que se le presionara, fue lo que salvó el prestigio moral y político de la Revolución en aquella coyuntura, y que la isla no terminara siendo vista como un simple peón de los soviéticos.  Esto fue así, a pesar de que la URSS tomó decisiones inconsultas con la parte cubana que trajeron como consecuencia que la Isla fuese la menos beneficiada con los resultados de la crisis.

 

Además de la ilegal base naval estadounidense en Guantánamo, continuaron los planes de sabotaje y magnicidio contra los principales líderes de la Revolución, el bloqueo económico, la subversión, los ataques piratas, el apoyo al bandidismo y el resto de los componentes de la política agresiva de Estados Unidos contra Cuba. Es decir, Estados Unidos siguió invadiendo a Cuba en menor escala, prácticamente día por día, y esto se debió a que los problemas de fondo que habían provocado la crisis no fueron resueltos. Aunque la crisis de octubre de 1962 ha sido la de mayor peligrosidad en la historia de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, muchas otras crisis se producirían entre ambos países con el transcurrir del tiempo.

 

 

Notas

 

[1] La versión original de este texto fue publicada en la Revista Contexto Latinoamericano, Vol 2, Año 1, Segunda Temporada, Jul-Dic 2017, Ocean Sur.

 

[i]Tomás Diez Acosta, Octubre de 1962, A un paso del Holocausto, Editora Política, La Habana, (Segunda Edición), p.100.

[ii] El 22 de junio de 1941 se produjo el ataque sorpresivo nazifascista a la URSS. El gobierno soviético poseía informaciones de inteligencia de que dicho ataque se ejecutaría y las consideró de carácter provocativo. Debido a ello, no tomó todas las medidas recomendadas para tal caso, con lo cual permitió al enemigo asestarle un potente golpe y el mantenimiento de la iniciativa estratégica durante los primeros meses de la contienda bélica. Información tomada de Tomás Diez Acosta, Octubre de 1962: A un paso del Holocausto, Editora Política, La Habana, 2008, p.179.

[iii] Ignacio Ramonet, Cien Horas con Fidel. Conversaciones con Ignacio Ramonet (tercera edición), Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, La Habana, 2006, pp.315—316.

[iv] Ibídem, p.319.

[v] Ibídem, pp. 320—321

[vi] Citado por Antolín Bárcena Luis, El intercambio de mensajes entre Fidel Castro y N.S. Jruschov durante la Crisis de Octubre. Apuntes de un traductor a 50 años de los hechos, pp.7—8.

[vii] Los Cinco Puntos planteados fueron: 1-Cese del bloqueo económico y de todas las medidas de presiones comerciales y económicas que ejercen los Estados Unidos en todas las partes del mundo contra Cuba.2-Cese de todas las actividades subversivas, lanzamientos y desembarcos de armas y explosivos por aire y mar, organización de invasiones mercenarias, infiltración de espías y sabotajes, acciones todas que se llevan a cabo desde el territorio de los Estados Unidos y de algunos países cómplices.3-Cese de los ataques piratas que se llevan a cabo desde bases existentes en los Estados Unidos y en Puerto Rico.4-Cese de todas las violaciones del espacio aéreo y naval por aviones y navíos de guerra norteamericanos.5-Retirada de la base naval de Guantánamo y devolución del territorio cubano ocupado por los Estados Unidos.

Sin cultura no hay libertad posible

 

Fragmentos de las intervenciones del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros en la última sesión del Primer Congreso de la Asociación Hermanos Saíz, en el Palacio de las Convenciones, el 18 de octubre del 2001, “Año de la Revolución victoriosa en el nuevo milenio”.

 

(Versiones Taquigráficas – Consejo de Estado)

[…]

Aquí se ha hablado de identidad nacional y que la televisión y los medios masivos alimentados desde Hollywood constituían el veneno más grande y la amenaza más grande para todos los países, eso es lo que discutimos fundamentalmente en el Congreso de Cultura, y ahora yo he dicho ya que si por aquellos días estábamos aterrorizados e inventando cómo demonios contraatacábamos, hoy estamos a la ofensiva.  Ustedes saben que hay 300 Joven Club de computación con personal muy preparado y si queremos podemos crear una página web en cada uno de los 300 centros, ¡imagínense!

Imagínense las universidades con cada vez más gente, la gente cada vez con mayor conocimiento, los talentos esos, que es una palabra que a ustedes les gusta usar (Risas), y que yo digo que es masivo, ahí tengo unas contradicciones, pero bueno, nosotros estamos tratando de cultivar el talento masivo de nuestro pueblo.  Nadie se vaya a imaginar que la capacidad de hacer cosas y de crear cosas es de una minoría de la población, lo que hay es un grupo, mayor o menor, que ha tenido la oportunidad de expresar su talento. […]

[…]

Entonces nosotros aspiramos a las cosas en masa, a las comunicaciones en masa.  Nosotros estudiamos, incluso, las estrategias que deben seguirse en la búsqueda de compactos, cosa que a veces no es fácil por el temor a los virus, cierra las computadoras, no hay direcciones.  Nosotros tenemos que desarrollar, incluso, y ustedes entre los intelectuales y otros entre los médicos, etcétera, la relación con decenas o cientos de millones de personas en el mundo.

Los países tienen un montón de medios de estos, pero caóticos, desorganizados y cada uno por su cuenta, y este país tiene la posibilidad, más o menos, de organizarse y tú conviertes en páginas web los 300 centros de computación, sin dejar de ser lo que son y sin dejar de prestar los servicios; pero tú puedes decir:  “Mira, concéntrate en el estado tal de tal lugar, de Estados Unidos, y tú te vas para la provincia de Canadá, y tú te vas para Bélgica.”  Hablo de estos países, porque tú no puedes hacer eso en Africa.

Mientras la gente analfabeta y pobre de América Latina, que lo que tiene es un 2% o un 3%, no me acuerdo el dato, de acceso a Internet, nosotros estamos en el estudio de cómo multiplicamos nuestras capacidades de comunicación y la fibra óptica, nacionalmente, y después las ramas, porque llegan hasta un punto, después usan el teléfono, porque iremos extendiendo la red por todo el país para ampliar las posibilidades de comunicación. […]

 

[…]

Yo no les he dicho más que una parte.  El mensaje de Cuba llegará a todas partes, ni se preocupen de eso, ese que llega a través de los medios habituales; pero es que este pueblo tiene que llegar, esa teoría de pueblo a pueblo somos nosotros los que la hacemos, y de individuo a individuo, cada uno en su área; pero ya hoy por hoy les aseguro a ustedes, no se imaginan hasta qué punto las noticias emanadas desde Cuba recorren el mundo.  Así que nosotros estamos a la ofensiva ahora, a crear cultura.

Ellos hablaban de justicia infinita.  Aquí empleamos una palabra, al final de este material, que decía:  valor sin límites.  A crear cultura que son valores, por encima de todo, espirituales de los cuales nosotros, como subproducto, podremos sacar en el futuro lo que queramos, así que todas estas cosas son posibles.

El ejemplo tuyo me motivó a hacer esta explicación y por eso quiero que sigas hablando, porque es una de las tantas formas, todas estas revistas, la Jiribilla ha enloquecido, como ustedes saben bien, a unas cuantas gente.  Igual que las mesas redondas tienen una audiencia en Miami que ustedes no se pueden imaginar y por radio la trasmitimos a una hora determinada.  Los compañeros que están allí presos la escuchan, mucha gente, porque se trasmiten por radio, no sale por televisión; pero también por satélite llega a 500 universidades, unos 5 000 centros de estudio en Estados Unidos, 60 cadenas locales de televisión.

Ya  llegamos allí, cuando ellos no han logrado colar una imagen de su televisión “Martí”, y las perspectivas que tienen en el futuro son muy pocas, para no decir rotundamente que es cero, y las posibilidades nuestras de trasmitir dentro son reales y posibles por todo lo que hemos analizado, ¿comprenden?  Me callo, antes de que ustedes empiecen aplaudir como a veces hacen (Aplausos), me callo.  No, no, quería decir que muchas veces cuando se habla más de la cuenta empiezan a aplaudir (Risas).  Sé que les he estado quitando tiempo y les juro que no nos vamos de aquí hasta que todo el tiempo que yo les haya robado, ustedes lo puedan disponer (Aplausos).  […]

 

[…]

Uno se pone a pensar en las cosas históricas en serio, dos acontecimientos fueron decisivos en lo que hoy estamos haciendo:   uno es lo que, por otro lado, fue una tragedia, que fue la disolución del campo socialista y de la URSS —lo del campo socialista no fue ninguna tragedia, pero lo de la URSS sí—, dejo a un lado las privaciones que vinieron para nuestro país como consecuencia de haber caído en un doble bloqueo en cuestión de días.  Lo que más duele es que le entregaron a la otra superpotencia el mando del mundo, hicieron a Estados Unidos dueño del mundo. […]

 

[…]

 

Uno ha estudiado un poco de historia y, sobre todo, ha leído mucho, además es político, ese es mi oficio, sé un poco de política —posiblemente menos que lo que saben ustedes de rock y otras muchas cosas— y desde ese ángulo lo analizo, de la historia, de lo que hace, las declaraciones y todo eso, y un poder fabuloso en manos de él (se refiere a Bush), y quizás, fundamentalmente, de los halcones que lo rodean, no parece muy piadoso, puesto que jamás ha concedido un indulto en ese estado donde más gente son llevada a la silla eléctrica. […]

 

[…]

Realmente uno se pregunta, ¿merecerá el mundo, mereceremos todos nosotros, que tanto hemos luchado desde 1868 por tener independencia, paz, por hacer lo que estamos haciendo ahora, las cosas que ustedes han expresado aquí y las que yo he mencionado;  merecerán los demás pueblos que no pueden hacer lo que estamos haciendo nosotros; merecerá nuestra especie, que es capaz de producir tantas personas maravillosas como ustedes —y no es un halago, es una simple muestra—, esa suerte?  Eso es lo que no se les puede perdonar. […]

 

[…]

Fíjate, nosotros, cuando aquellos de repente nos cortaron el combustible, alimentos, todo, pudimos llegar a vivir 30 años de Revolución, o mejor dicho, a disponer de 30 años en medio de muchas luchas que fueron —las que se han mencionado— de todo tipo:  terrorismo, agresiones, bloqueo, guerra económica, invasiones mercenarias, riesgo de guerra nuclear; pero dispusimos de 30 años de Revolución.  Yo te puedo asegurar que sin la obra de la Revolución en los 30 primeros años, nosotros no habríamos podido resistir el período especial.  Habríamos podido morir gloriosamente una gran parte de nosotros, no puedo decir que todos hubiéramos muerto, pero no habríamos podido pasar este período, y no lo hemos terminado de rebasar y ahora hay que estar mentalmente preparados para volver a enfrentar situaciones difíciles. […]

 

[…]

Comprendo psicológicamente, incluso, por qué nos apoyaron (se refiere a la URSS).  ¡Ni ellos se podían imaginar jamás que un país tan pequeño aquí, al lado del monstruo y por su propia cuenta, sin la menor ayuda, ni un centavo, ni un arma, ni nada, sino por nuestras propias conclusiones, hubiese hecho una Revolución social tan radical y tan profunda como la que hicimos en nuestro país, inspirados en las ideas patrióticas tradicionales de nuestro pueblo y de nuestros grandes próceres, en Martí, pero también en Marx, Lenin, Engels y los demás que nos hicieron —a mí por lo menos— tener una idea de lo que era la sociedad y el mundo!

 

Quiero que ustedes sepan que yo, estudiando economía política capitalista, me convertí en un comunista utópico, a partir de mis razonamientos primitivos, si se quiere, y mis meditaciones acerca de lo que era la sociedad esa en que estábamos viviendo y que la conocía en los campos, en las ciudades, desde que era niño, en un latifundio donde mi padre era el dueño de ese latifundio.  Antes de ser comunista-marxista, fui comunista utópico por mis propias convicciones.

 

Desde luego, el contacto con aquella literatura me dio mucho, ¿comprenden?, empecé a saber lo que era la sociedad.  Yo no podía adivinar qué era la sociedad, porque como alguien dentro de un bosque no sabe ni dónde está parado…  Si por mi cuenta había sacado conclusiones, cuando empecé a ver algunas explicaciones racionales y lógicas de la sociedad en que estábamos viviendo, fui fácilmente conquistado por esas ideas.  Después lo otro fue cosa cubana, como ustedes, como los trovadores y como los rockeros y como los creadores.

 

En ese sentido, nuestra generación —nuestro grupito— fue creadora de un método; igual que ustedes no inventaron la música tampoco, la estudiaron, nosotros estudiamos algunos elementos y los adquirimos, que sirvieron para ser adaptados a las condiciones de nuestro país, a nuestra historia y a una serie de factores, y crear un método para luchar contra aquel sistema y después para luchar contra el imperialismo y para resistir todo ese tipo de cosas.  […]   Los errores no los cometieron ellos, José Ernesto, los errores los cometimos nosotros, porque no todos tenían la confianza en sí mismos y la idea de juzgar, de analizar.  Todos los errores que se puedan haber cometido, los cometimos nosotros.  No podemos echarles la culpa a los que vinieron aquí; […] Yo era un inconforme, pero en un momento en que teníamos un monstruo enfrente y un país que emocionado por la sorpresa de que en no sé cuántos años al lado del imperio se rebelara y estableciera un régimen radical socialista, un régimen radical en este país, los arrastró a la valentía de ayudarnos.  Estoy seguro de que si eso ocurre en la época de Stalin aquí no llega un barco de petróleo, porque eran demasiado calculadores y cautelosos; tuvimos la suerte de que coincidió con el momento en que había un campesino allí, pero eso era Jruschov, un campesino, y tuvo un entusiasmo enorme cuando estos podían haber liquidado la Revolución en aquellos momentos.

 

En aquellos momentos un buen número de revolucionarios habría muerto gloriosamente, pero no habríamos podido resistir.  Eso nos dio la oportunidad de 30 años, e hicimos una obra a pesar de todas las imperfecciones.  Se acabó el latifundio y millones de cosas se acabaron; se creó un sistema de igualdad en el país que había vivido nada más que bajo las botas de ejércitos, policías, terratenientes, propietarios.

Mira, un ser humano no era nada en este país donde, con seis y medio millones de habitantes, había 100 000 prostitutas; ya no te voy a hablar de los clubes esos, donde nada más podían entrar los que tenían más o menos la piel blanca y otros millones de cosas, con un analfabetismo…  No hay que hablar de eso.

¿Qué era un hombre?  ¿Qué era un campesino?, yo los vi y los conocí allí.  ¿Qué era un trabajador?  ¿Qué era un descendiente de los esclavos que apenas habían liberado oficialmente?, porque, además, se liberaron combatiendo, en la guerra del 68 y demás.  La esclavitud se acabó en este país en 1886, y yo tengo muy presente siempre, dentro, cómo era la vida de toda aquella gente.  No eran nadie, eran menos que cero, eran menos 10.  Incluso a los esclavos liberados nadie les garantizaba ni siquiera el alimento o la salud que les garantizaban los dueños, porque si se morían o se enfermaban perdían el capital invertido en aquello.  Era repugnante, realmente, aquella sociedad.

Una revolución, con todos sus errores, crea un nivel de igualdad y de justicia.  Y aquí fue gorda, porque las empresas norteamericanas tenían hasta 200 000 hectáreas que fueron reducidas, fue una aplanadora, realmente; se acabaron los casatenientes; se rebajó en los primeros tiempos de la Revolución a la mitad el alquiler; los medicamentos se rebajaron a la mitad.  No era muy económico; un economista académico no habría estado de acuerdo con nada de lo que hicimos, igual que un militar académico no habría participado nunca en el tipo de guerra irregular, en virtud de la cual se pudo derrotar al ejército de Batista que tenía 80 000 hombres y estaba bien armado y asesorado por los yankis.  Todas esas cosas que tuvieron lugar hicieron posible la Revolución, que fue una obra creadora, repito.

Eso crea en el pueblo cosas nuevas.  ¿Antes qué era un obrero?  Un hombre que cortaba caña, andaba descalzo, los hijos pasaban hambre, no tenían escuela, y veía pasar por allí un guardia rural en un caballo grande, con un fusil, un plan de machete, aquello era el terror.  El era la última carta de la baraja.

¿Qué era un campesino?  Veía al soldado, veía al terrateniente, le quemaban la casa.  ¿Qué noción podía él tener del Estado y del poder?    Y de un día para otro se vuelve él el Estado y el poder, y es el que tiene todas las armas.

Estoy hablando de cosas que ustedes no vivieron, pero nada más quiero decir que una revolución de ese tipo, con todos los errores —y se puede hacer una larga lista—, genera una fuerza social tremenda.

En aquella época, cuando Girón, si aquello no se emplea, sí, posiblemente habríamos muerto gloriosamente unos cientos de miles de ciudadanos; pero sin invasiones y solo cortándonos los suministros de alimentos, de combustible y de todas las demás cosas, sin invasiones podríamos habernos suicidado, en el caso de que aquellos, un poco más listos, nos aplicaran las medidas que nos aplicaron, habría sido insostenible la Revolución.

Digo que no, porque en los primeros tiempos nos hicieron bloqueo cuando apareció una ayuda que ni nosotros esperábamos, ni nadie esperaba.

Entonces, ya venían trabajando con los dos procedimientos, ellos siguieron las dos líneas:  la de la acción, sabotaje, guerra, subversión, terrorismo, y también la económica, para liquidarnos de todas formas.     La que evitó que nos liquidaran económicamente fue esa ayuda que recibimos.

También cuando Girón fue derrotado, en menos de 72 horas, con las armas que teníamos; pero también con las armas que habíamos recibido y que nosotros aprendimos a manejar.

No les hicimos ningún caso a los instructores soviéticos, porque ellos mandaron a unos grupos para preparar unas cuantas baterías en un programa de seis meses, y nosotros, que teníamos el sentido de la realidad de guerrilleros que habíamos estado dos años allí luchando y que veíamos lo que venía, sencillamente no les hicimos ningún caso.  No hubo manera de convencerlos, y entonces reunimos a miles de hombres, tomamos todos los cañones —porque ya estaban aquí— y les preguntamos a los compañeros de unas pocas baterías que estaban aprendiendo a manejar esas armas:  “¿Ustedes pueden enseñar por la tarde lo que aprenden por la mañana?”  “Sí.”  Rodeamos todos aquellos lugares con miles y miles de hombres jóvenes y les dimos instrucciones a los alumnos aquellos:  “Ustedes por la tarde les enseñan a los demás lo que aprendieron por la mañana.”  Y en cuestión de semanas organizamos cientos de baterías.  No eran expertos, ni mucho menos, pero aprendieron a manejar las armas.

No les hicimos ningún caso en absoluto a ellos, nos liquidan si les hacemos caso.  Bueno, no habríamos podido liquidar la invasión en unos días; pero había armas suficientes ya en ese momento para una lucha larga en el país y espíritu para luchar durante años.

A lo mejor hubiéramos sido el Viet Nam.  La derrota de Girón impidió el Viet Nam.  Después, si aquellos nos hubiesen hecho el bloqueo económico en el que nos vimos envueltos, en un doble bloqueo en aquel momento; si someten al país de aquel entonces, no a una guerra, sino al bloqueo económico, a privarnos de toda posibilidad de adquirir alimentos, combustible, de todo, el otro, el que después aplicaron, pero tenían el contrapeso de lo que venía de allá —cuando aquello se derrumba, ellos arreciaron ese bloqueo—, te digo honestamente mi criterio:  el país no habría podido resistir ese bloqueo.  […]

 

[…]

Sí, hubiéramos tomado una acción militar contra la base y qué, tal vez los hubiéramos obligado a pelear.  Yo no te digo que era una situación sin alternativa, tal vez los hubiéramos podido obligar a combatir y morir combatiendo; pero no tuvimos que buscar una alternativa de ese tipo y pudimos resistir gracias a lo que habíamos hecho durante 30 años y, sobre todo, a la disciplina, experiencia; medio millón de compatriotas habían cumplido misiones internacionalistas, teníamos suficientes armas, pero teníamos suficiente organización y conciencia, que no teníamos al triunfo de la Revolución, y nos permitió vencer el doble bloqueo, resistirlo, y antes de que empezara a producirse este último fenómeno íbamos avanzando, avanzando y avanzando, ya estábamos en eso, lo tengo muy presente. […]

 

[…]

Yo no te estoy criticando, de verdad; es que sentí la necesidad, ante ustedes, de decir así para ser justo.  No lo tome como crítica, de ninguna manera; porque yo me río igual que tú, porque lo que tú estabas diciendo ahí es pálido al lado de las cosas que yo he dicho (Risas), y de las cuales tengo constancia, porque están las actas y está todo.  Nosotros tenemos ahí la constancia de cada una de las discusiones que hemos tenido con el equipo de la juventud, de los estudiantes, de las organizaciones de masa y del Partido, que hemos trabajado estos 22 meses en esta batalla. […]

 

[…]

Veíamos claro: “Mire, esto es un error, lo que hay es que sacar el tratado y se acabó.”  […]  (se refiere a la Crisis de Octubre de 1962) Lo sostuvimos en Naciones Unidas y en todas partes; mientras ellos andaban con el jueguito de que no eran las armas ofensivas, nosotros decíamos que no teníamos que darles cuenta y que teníamos derecho a usar cualquier tipo de arma para la defensa de nuestro país, el mismo derecho que tenían ellos y los europeos, los de la OTAN y todos los demás.  […]

[…]

¿Qué quería decir Kennedy cuando le preguntaban si había armas ofensivas?  Quería referirse a las armas estratégicas que pueden llegar a su territorio.  ¿Y qué decía Jruschov?  “No, no  hay armamento ofensivo.”  Es decir, le decía otra cosa.  El se preocupaba por los armamentos estratégicos y aquel le decía, aparentemente, que no había cohetes aquí, que no había armamento, usaba eso.  ¡Ah!, no son ofensivos, a partir de una idea tonta de que, puesto que no pensaban atacar, que no tenían por objeto atacar, las armas aquellas no eran ofensivas, y aquellos, cuando hablaban de armas ofensivas, estaban pensando en las armas estratégicas.  […]

 

[…]

Si algún valor tienen las muy repetidas palabras que yo les dije a los intelectuales, a partir de intuición, a partir de conceptos, que dije unas palabras: Con la Revolución todo, contra la Revolución nada (Aplausos).  Eso tenía un sentido: libertad total en cuanto a la forma de expresión.  Ya entonces era un pecado capital decir eso. […] Yo no conocía mucho la pintura abstracta y trataba de entenderla, porque nadie me la había explicado bien.  Discutía con Alfredo, no es que discutía, le preguntaba, porque a él le gustaban mucho —a Alfredo Guevara— y allí tenía una serie de cuadros abstractos, y yo ignorante, le preguntaba:  ¿Qué significado tiene, explícame?  ¿Por qué te gustan?  Yo no entiendo nada de lo que hay en los cuadros esos.  ¡Ah!, pero la idea clara de que era muy ignorante y él es un compañero que uno apreciaba y los criterios y todo; pero si quería pintar alguien así, ¿por qué darle una patada a un cuadro, prohibir el cuadro?

Lo único, realmente, que tiene importancia de lo que les dije a los intelectuales es esto:  “Pinten como quieran pintar, usen el estilo que quieran usar.”  Y más recientemente hubo otra prueba:  el acto del milenio, y fue sin ron.  Hubo fiestas en todo el país, máximo, cerveza en algunos lugares, de ron nada.  Quiero que sepan que yo no soy abstemio, desde luego, pero odio el ron, lo odio, porque cuando uno ve esos espectáculos, esos timbiriches que se montan a lo largo del Malecón y los tanques de todas esas cosas y botellas de ron y de todo, me parece que estamos cometiendo el acto criminal de alcoholizar al pueblo.

Bien, nosotros luchamos contra el alcoholismo y contra la fuma.  Se ha reducido de 15 000 millones de cigarrillos a 12 000, es el que se está fumando, significan 300 millones de pesos menos de ingresos.  Buscamos otra cosa, pero no puede haber ingresos a ese precio, y el precio es el más caro del mundo para el cigarro, y el más caro del mundo para el alcohol.

No se va a prohibir, pero si no seguimos una política consecuente alcoholizamos a la gente.  Esos carnavales, yo no simpatizo con los timbiriches que ponen por ahí, y el día Primero, hubo un día Primero, aniversario de la Revolución, principio de un nuevo siglo, principio de un nuevo milenio, fiestas en todo el país sin ron y con todas las manifestaciones artísticas y todas las manifestaciones musicales, bien claro ahí, todas.  Y hasta estaban los Orichas de allá, que estaban por allá, ¡que vengan!

Ahora ustedes dicen:  Nos han tratado bien, muy bien, algunos han dicho que les han dado a esto y los otros.  No, nada, lo que hicimos fue aplicar una política de libertad en las expresiones del arte y de la música.

Hay una cosa, yo tengo esa tendencia; pero, además, tengo la suerte de que soy amigo de Harry Belafonte y no hace mucho tiempo, un día me explicó toda la historia del rap y cómo surgió, dónde surgió, fue en Nueva York, de la población negra de Estados Unidos oprimida, discriminada, con una música de protesta y advertía:  “Los enemigos y los reaccionarios están tratando de utilizar toda esa música, comercializarla y convertirla…”  Y aquí se horrorizaba la gente con el rap.  Y ese mismo día, la política:  “Señores, hay que darles apoyo a todas las manifestaciones, no hay que tener temor ninguna.”

También un día —porque aquí estaba Veitía—, él tiene un ballet español excelente, entonces, cuando lo vimos al inaugurar el Palacio de Bellas Artes, dijimos:  “¡Excelente!  Busquen a esa gente.”  Hasta una tribuna abierta allá en Cárdenas en que tuvieron la desgracia de que les faltaba un cable, y de repente se fue la música y siguieron bailando.  Todo el mundo asombrado, no se sabía lo que había pasado, creían que era parte del espectáculo, y es que se fue la música porque se fue, y aquel grupo siguió, una cosa bella.  Y el ballet clásico no lo inventó nadie.  Eso es europeo, y casi casi, bueno, no lo digo, ¡es europeo!, sin embargo, es un espectáculo maravilloso, y de ahí sale esa danza clásica.  ¿Por qué vamos a elevar a 300?  ¡Ah!, porque de allí queremos que salga la gente que necesitamos para la danza moderna, contemporánea, la que se usa en la televisión, en un lugar.

Nosotros queremos multiplicar con la máxima calidad el número de grupos de danza, y aquella de cubana no tiene nada el ballet.  Y si aceptamos el ballet, ¿tenemos que tenerle miedo a la música que han inventado los negros norteamericanos, el rap y todo lo demás?  Y en virtud de una concepción, si ellos recibieron alguna ayuda, ahora que tú mencionabas o Luis mencionaba y creo que Yamira también algo dijo de eso, no es nada, sino que no reciben nunca ninguna ayuda, si estaban casi prohibidos.  ¿Es que acaso van a desplazar el ballet, o van a desplazar la danza folclórica? Ni el circo es desplazado aquí por nada de eso.  Lo que hace falta es circo también, pero hemos planteado que circo sin leones, y sin elefantes, circos artísticos.

Lo vimos un día al inaugurar un curso las maravillas que hicieron unas muchachas allí en el circo, la cosa artística, y  con perritos, con pelotas y con todas esas cosas se puede hacer una maravilla.  Por aquí está un amigo con el cual discutí muchísimo.  Estaba rabioso con él en una tribuna abierta, porque le pregunto por el circo, estaba muy entusiasmado.  Le digo:  ¿Qué les pasa a ustedes?  “Es que nos falta una carpa?”  Digo:  “¿Cómo que les falta una carpa?  ¿Cuánto vale una carpa?”  Entonces no tenían ni los 30 000 dólares para una carpa, y dije:  “Multipliquemos el circo.  ¿Cuánta capacidad tiene esa escuela?  Multipliquen, elévenla.  Yo no sé, habrá duplicado, o triplicado el número de eso.

 

En el capitalismo había unos circos que andaban por ahí en época de zafra en unas carpas, y allí llevaban leones hambrientos.  Rugían.  Si algún familiar de ustedes vivió en un central azucarero, y yo nací a 4 kilómetros de un central, y todos los años venía el circo tal, y para allá iba todo el mundo al circo, pero los leones no dejaban dormir a nadie.  Había leones, elefantes, no sé cuántas cosas, y yo le decía:  “Un circo que no sea romano, un circo sin leones, ni tigres, ni elefantes, nada de eso, otro tipo de animales.”  Cuánto arte hay en el circo mezclado con la danza, con la música, con las demás actividades que hacen.

Yo dije: Yo quisiera que tuviéramos 20 escuelas de circo, porque son capaces de hacer un espectáculo artístico; es decir que todas las actividades se desarrollen y que lleguemos a lo óptimo en materia de calidad.

Bien temprano la Revolución construyó, o intentó construir la Escuela Nacional de Arte.  Yo recuerdo que vi los proyectos, discutí con los que lo presentaban, yo de arquitectura sabía tan poco como de todas las demás cosas; pero encontraba bellos aquellos proyectos.  Eran una fantasía.  Entonces digo:  “Construyan la fantasía.”  No llegaron ni a terminarla porque un día en el Ministerio de la Construcción —no voy a mencionar el nombre del que estaba allí, pero es un arquitecto, era una persona que conocía de eso—, digo:  “¿Cuándo vamos a terminar la escuela?”  Dice:  “No es posible.”  Digo:  “¿Físicamente es imposible terminar esa escuela?”  Y me dice:  “Es imposiblemente físicamente construirla.”  Pues nada, con lo que se hizo  —y le faltaban algunas cosas— se hizo famosa en el mundo la escuela, y nosotros dijimos:  “Vamos a terminar esta escuela.”  No había pasado la batalla esta, sí la del congreso ya, y tomamos la decisión.  Invitamos a los arquitectos que habían participado y tomamos la decisión de terminar aquella escuela en los conceptos que tenía, arreglar el río ese, y llegar a tener la escuela con que habíamos soñado hace más de 40 años, hace 41 años.  No hemos mencionado que allí están todos los proyectos y los recursos para terminar esa escuela tal como fue concebida, y, además, mejorada.

La Habana Vieja también, 200 años tardaría en construirse.  Las donaciones esas no alcanzaban para nada.  Pero, señores, una idea hizo posible lo que es hoy La Habana Vieja.  Señores, vamos a recoger todos esos restaurantes.  Ya estábamos en el período especial, ya había restaurantes en divisa, tiendas, recojan todo eso.  No vamos a regalar     La Habana Vieja porque algunas casas se construyeron, porque alguien traía 60 000 dólares, una gente muy rica y amiga del país, se reconstruía la casa y tenían durante 30 años derecho al uso.  Nosotros dijimos:  “No, ¿por qué vamos a regalar a La Habana Vieja?”  Entonces se buscó un millón de dólares, ¡un millón!, unas cuantas tiendas de estas, restaurantes, y todo, en divisa, no había de dónde demonios sacar nada, y se hizo un Decreto-ley estableciendo…  El Poder Popular de la ciudad no podía con eso, imposible. […]

[…]

Entonces, La Habana que se autofinancie.  La Habana tiene que recaudar más fondos que Varadero, y los fondos se dividen por un decreto del Consejo de Estado para la restauración, para el apoyo social a la gente, y una parte de ese dinero para la reserva, porque, por ejemplo, para construir.  Es para la reserva, pero con los fondos esos se está construyendo la Escuela Nacional de Arte.

Una idea salvó La Habana Vieja ya dentro de las condiciones duras del período especial y la desgraciada situación en que había tiendas en divisa para el que tenía un pariente.  Ya hoy no, ya hay tiendas en divisa y hay casas de cambio en que se puede cambiar el peso, etcétera; y no es nada, eso seguirá evolucionando.  Tenemos nuestra moneda nacional en divisa y nuestra moneda nacional en peso.

Todo esto no es más que un amargo período, un purgante que hay que tomarse para desintoxicar el organismo y salvarlo.

Pero mira lo que es hoy La Habana Vieja, es la admiración de todo el mundo, viene ya todo el mundo a ver a La Habana Vieja.  Ahí está; desde luego, no es una cuestión de dinero.  Ahí están las ideas, los conceptos, la sabiduría, la cultura de Leal y su amor infinito por La Habana Vieja.  No había con qué aplicar todo aquello, y hoy La Habana Vieja es…  Y la escuela esa se reconstruye.  Lo que pasó con el rap, sobre todo, y con el rock es producto de una idea muy similar a la que se defendió hace 41 años, no sé cuándo fue aquella reunión de la más amplia libertad en la forma de expresarse, y lo mismo también en la música.  No podemos caer en eso.

Un día estaba viendo una tribuna abierta, que fue en Artemisa, fue después del primero, fue este año, y se aparece un grupito de cuatro allí, tres muchachos y una muchachita, con una bandera, y óiganme, a mí me hizo una impresión tremenda.  Yo quise conocer a aquella gente, se lo dije a Carmen Rosa y a otros compañeros allí:  “Localicen a esa gente, para ver de dónde han salido”, porque había que ver a aquella gente con la bandera y el canto, ¿quién era?  Un ama de casa y dos muchachos más, ellos solos habían creado su grupito, y en uno de los actos más grandes que dimos, nos acordamos de eso, y era el rap al servicio de una causa, en una protesta, instrumento de la Revolución, como fue instrumento de los que lo crearon, contra la discriminación, la opresión y todas esas cosas.  Es un concepto, es una filosofía, y vendrán otros y eso es así, amplitud total, es por eso.

 

Aprovecho la ocasión para explicarles por qué se hizo eso, y esa es la política que vamos a seguir de apoyo a todos los géneros, y a los trovadores, por supuesto, no hay ni que dudar de eso ni en lo más mínimo.

Es que este va a ser, además, en nuestro concepto, el país más libre del mundo, porque la libertad está en razón directamente proporcional a la cultura de la gente, que he dicho y repetido la frase de Martí, un día que estábamos reunidos en vísperas de un acto, que fue el de la calle 23 y 12, discutiendo, lo más extraño del mundo: un discurso colectivo de un grupo de intelectuales.  En aventura como esa, les juro que no me meto más nunca en mi vida (Risas), porque aprovechamos ya cuando todos estaban dormidos, del proyecto que tenía un pedazo de uno, de otro, de otro.  Óiganme y cuidado, si el autor admite que le quiten una línea o le cambien algo, era una mezcolanza terrible y se hizo, pero ya de madrugada, el mismo día del acto.

Para colmo invitamos a los actores, porque la creación era de uno y los que iban a hablar eran otros, y los actores enredaron mucho más todo aquello, porque también empezaron a opinar, porque a aquel no le gustaba el párrafo que le tocó, porque era medio lírico (Risas) y ellos querían una cosa fuerte.  ¡Terrible!, reunir a actores con intelectuales y ponerlos de acuerdo para revisar un material…  Menos mal que a aquellos les dije:  “Ustedes tienen que estar descansados, váyanse a dormir.”  Una buena parte de los que estaban allí estaban cansados, y yo también, les pedimos…  No avanzábamos y eran las 5:00 de la mañana, y nos quedamos allí a ver, y algunos más, algunos cómplices, y cuando todo el mundo se había dormido ya, entre dos o tres de los cómplices empezamos a tachar, ¡y ran, y ran y ran!  No cambiamos nada, lo único que tachamos todo lo que había que tachar; lo ordenamos, más o menos, como tenía que ordenarse (Risas).  No, eso es de reírse.

Entonces, al otro día, cuando ya creíamos que lo que habíamos dejado por la noche estaba bien, todo muy bien, creo que hasta Abel se había dormido, pero Abel era partidario de darle racionalidad a aquello, pero se durmió también.  Se quedaron dos o tres socios, cómplices, y se reconstruyó aquello.  Por la mañana yo lo traigo, y descubro, de repente, que faltaba una frase importante.

Cuando llego, ya estaban ensayando los actores, se habían repartido, según su característica, estaba bastante armonioso, y había una frase que no podía faltar, y por el camino me lo leí, óiganme, en 25 minutos.  A mí me gusta leer con calma, en 25 minutos he leído las 63 páginas, revisado rápido, rápido.  También yo sabía dónde estaban los puntos complicados, en lo que estaban de acuerdo, sobre todo en la parte final, y ya llegando al Palacio, que veo el párrafo aquel, en el elevador iba yo redactando para allá arriba, y cuando llego allí, con el párrafo, todo el mundo comprendía que ya estaban ensayando el material que habíamos dejado al amanecer, y cada uno repartido su pedazo y todo el mundo muy contento, y ya la introducción del párrafo aquel obligó a complicados cambios:  A este que le tocaba, le tocó este; pero se pudo arreglar, y a las 6:00 de la tarde estaba en 23 dándose el acto, que era el día 28 de enero, que era el día en que los yankis habían dicho que iban a devolver al niño, y nosotros esperamos hasta esa hora.

Ya teníamos todos los proyectos, la tribuna abierta, y cuando se cumplió las 12:00 de la noche, al amanecer empezaron a llegar unos camioncitos aislados, a construir la tribuna abierta antimperialista esa que está ahí, que ya tenía todos los proyectos, la estatua.

Aquellos fueron tan estúpidos en su tozudez que nos dio tiempo a construir la tribuna, aunque ya la tribuna iba de todas maneras, porque, era difícil, si devolvían al niño, el 28, al otro día ponerse a hacer la tribuna.  Pero no llegó y empezaron unos poquitos, porque hemos utilizado el método, incluso, de sorprenderlos siempre, a veces hacerlos sufrir:  primero llegó un buldocito…  Teníamos dos variantes:  o llega todo junto; pero hicimos el peor, el más torturante medio político:  unos pocos que llegaron allí, unos martillos —yo estoy ocupando tu  puesto— y un camioncito, un buldocito, y dijimos:  “Vayan incrementando.”  Por la noche allí había decenas de equipos, durante el día lo que se hizo fue poner luminarias, y aquellos no sabían en qué demonios se estaba trabajando; y para que no supieran lo que estábamos haciendo allí, a los mismos constructores les dimos como diez versiones:  “Miren, la estatua de Niemeyer, aquí va tal cosa, aquí va un parque de no sé qué cosa”, como diez cosas. Iban los periodistas, iba todo el mundo, un trabajador, porque, además, tampoco ellos sabían lo que se estaba haciendo allí, se les dio la misión de que cada uno dijera una razón diferente.  Y aquello por la noche, día y noche en 80 días, ¿fueron 80 u 81?  En 80 días se hizo la Tribuna Abierta con todo.  No, no, eso fue del diablo, y ya esa tribuna es donde se gradúan los de sexto grado, noveno, todos.  Y ahí está, así que hubo que hacer muchas cosas, utilizar mucho la imaginación y seguir una táctica para hacer todo eso.

 

Nosotros soñamos con muchas cosas, pero con muchas cosas; nosotros estamos haciendo proyectos para el día en que se puedan hacer.  Pero sí hubo dos cosas muy importantes:  Se reconstruyó el “Amadeo Roldán”, ¿cuántos años estuvo ahí?  Habían destruido el parque y los alrededores; se salvaron 600 millones de dólares en cuadros y obras artísticas que se iban a perder, en los dos museos.  Donde había uno, hay dos ahora, y de verdad estamos orgullosos de esos dos museos, pero estamos inconformes:  uno tiene la impresión de que falta un museo, por ejemplo —en Bellas Artes—, latinoamericano.  Aquello está lleno de cosas europeas…  De Haití me habían dicho que había un solo cuadro, y todo el mundo creía que no había más, hasta que nos dijeron que tenían una colección de pintura haitiana en la Casa de las Américas.

Nosotros soñamos con muchas cosas, y ya tenemos un poco el hábito de ver muchos sueños convertidos en realidades, puedo añadir que muchos sueños que nacieron después y que no teníamos cuando triunfó la Revolución; es decir, la Revolución ha llegado en medio de todo eso.

No estoy aquí haciendo panegírico, no, no, no; estoy tratando de trasmitirles —algunos lo saben, no siempre uno dice las cosas iguales— la cantidad de sueños que nosotros tenemos, y bajo estos conceptos de libertad y libertad.

Lo que Martí escribió es una de las más grandes verdades, esto fue lo que nos llevó a la historia esta.  Fue aquel día en que compartiendo con unos compañeros, les dije:  Miren, es que sin cultura no hay libertad posible, es imposible.  Pienso en los miles de millones de personas que tienen prohibido pensar:  aquellos que fuman tal marca de cigarro, toman tal cosa y todos los demás, porque alguien les ha dicho que hagan eso.  A tales extremos ha llegado el sistema que combatimos, que les ha suprimido a la gente el equipo de pensar.

El hombre de las hordas podía descubrir algo, ver que un palo era más duro que otro, y lo utilizaba.  Este hombre de hoy tiene menos libertad de pensar que el hombre de las hordas primitivas, porque casi todo lo que hace es lo que le han metido en la cabeza, a través de los medios masivos, que haga:  “Consume eso, lo otro, lo otro.”  Y de la misma forma le introducen hasta el pensamiento político.  Con esas armas jamás el hombre podría liberarse.  El hombre se va a liberar porque lo están conduciendo a un callejón sin salida y las crisis van a ser cada vez más profundas.  Desde luego, ¿qué hay que hacer?  Hay que trasmitir ideas.

En este momento Cuba tiene el privilegio de que la escuchan, por haberse quedado como un país solitario.  Nosotros no queríamos hacer el papel que debieron haber hecho los otros, la Revolución que pudieron haber hecho países en mucho mejores condiciones y hasta más lejos de Estados Unidos; porque aun cuando hicieron allá ellos su revolución en octubre, los ingleses, que están junto con ellos ahora bombardeando a Afganistán, y los yankis intervinieron allí en aquel país, para acabar con aquella revolución que pudo hacer mucho.

Es verdad que no se ajustaba a la idea de Marx de que no se podía hacer la revolución en un solo país, la revolución tenía que ser mundial, sería una consecuencia inevitable del desarrollo de las fuerzas productivas y un fenómeno de carácter mundial.

Ellos se metieron en la aventura.  Hicieron bien, ¿qué iban a hacer después que tienen el poder?  Creían que venía la revolución en Alemania, en Inglaterra, aquí y allá, y no vino en ninguna parte, la aplastaron los reaccionarios.  ¿Qué tienen que hacer, rendirse o construirla en un solo país?

Nosotros tuvimos el privilegio de que aquello existiera.  Ahora, nadie pensó en aquello.  Nosotros, los que estábamos, partíamos de una creencia falsa.  Partíamos de la creencia de que después de aquella guerra mundial, en que tanto se habló de independencia, de soberanía, etcétera —guerra que se acaba en 1945 y con empleo de aquellas armas nucleares—, la soberanía de los países existía.  Ese fue nuestro error.  Era falsa aquella creencia por completo, porque si hubiera existido la soberanía nosotros hubiéramos hecho nuestra Revolución sin que tuvieran que venir aquellos amigos distantes.

Estoy dispuesto a estar con ustedes aquí hasta por la madrugada, o cualquier cosa.  Yo no tendré que hablar, si hablo son unas palabras formales, y los que estén por querer decir, defenderé aquí hasta la hora que sea necesario el derecho a exponer. […]

 

[…]

Cmdte.-  Yo quería decir dos cosas, cuando él hablaba, ¿no? y decía cosas correctas, que hay incomprensión por aquí, por allá o por allá, dificultades.

Algunas cosas para nosotros son relativamente fáciles de resolver, algunas nada más.  Cada una de las cosas que nosotros hacemos tiene un trabajo, hay que persuadir, y lo más importante para personas que tengan las responsabilidades de nosotros es el arte de lograr rectificaciones, soluciones de problemas, limpiar prejuicios.

Algunas de las cosas que nosotros estamos haciendo llevarán años en tener resultados, pero no descansamos en el esfuerzo por hacerlas y avanzamos.

De muchas de ellas ni hablamos, porque no las comprenderían todavía.  Puede ser, quizás, algún cambio en el sistema de la enseñanza secundaria, otra concepción nueva; pero usted primero tiene que demostrarla, tiene que probarla.

Nosotros tenemos un experimento que estamos haciendo ahora para sustentar una proposición que revoluciona la forma de atender la enseñanza secundaria; pero usted no puede salir y hablar de eso, porque yo a algunas personas les he hablado de la idea y usted nota asombro y asombro.

Es que, sencillamente, hay personas que se habitúan a una forma de hacer las cosas o la han visto toda la vida, y cuando he planteado algo que cambia eso, choca con una mentalidad ya hecha; sin embargo, usted logra que cambien.  No lo logra parándose en una tribuna y diciendo:  “Hay que hacer esto, esto no sirve.”  No logra el objetivo, porque usted no logra un objetivo si no ha persuadido a todos los que de alguna forma están implicados en eso.

Hago esta aclaración, porque nosotros podemos estar conscientes de un problema y de muchos problemas, pero eso no es la compra de una guitarra, o, incluso, la solución de muchos de los problemas que ustedes han planteado aquí.  El decía, con razón, de prejuicios y de cosas con el género de la música del rap; eso no se quita en un día, pero se quita.

El día primero de enero estuvieron presentes, creo que es la primera vez, y se aprovechó incluso el grupo que estaba allá con relación al milenio.

Lo digo porque son realidades que existen, siempre hay un problema de un tipo o de otro y algunos son más fáciles de resolver que otros.

Nadie piense que nosotros podemos resolver cualquier problema en cualquier momento.  Nosotros podemos resolver algunos, lo que sí es posible que relativamente pronto surjan ideas de cómo abordar un problema y resolver un problema.  Hay montones de ellos.

Ustedes saben que, por ejemplo, la vocación del maestro había desaparecido.  ¿Cómo usted resolvía el problema de los maestros primarios?  Treinta y siete graduaba este año la ciudad, para sustituir a     8 080, que casi todos tienen más de 20 años de maestro; y para ese reemplazo se graduaban este año 37 y en Cienfuegos 8.  Se habían acabado aparentemente las vocaciones.

Crearon los preuniversitarios pedagógicos y cuando allí ya, con el título de bachiller, preguntaban cuántos iban a estudiar para maestros de primaria, de cada 100 respondían 3.  “Yo quiero matemáticas, yo quiero física, yo quiero química, historia y todo lo demás.”

¿Qué iba a pasar aquí en la capital?  Era un problema difícil de resolver, cuando aparentemente había desaparecido la vocación, y así también en secundaria y en otras cosas.

Nosotros tenemos paciencia, pero no olvidamos los problemas y trabajamos constantemente.

El decía que los prejuicios, y yo le aseguro que nosotros hacemos polvo los prejuicios esos, pero no lo hacemos en una semana, y tenemos que saber cómo lo hacemos.  Lo vamos a hacer, vamos a ayudar a liquidar todo eso.

Les contaba cómo me di cuenta allí.  Yo no sabía que había esos tipos de problemas, uno no está en todos los problemas, uno no sabe todo, está metido en muchas cosas.  Sí, ya uno tiene el hábito de captar cuando hay un problema y prestarle la atención debida.

Le respondo al compañero que se expresó tan bien ahí.  Tengan la seguridad de que los prejuicios van a ser derrotados, totalmente derrotados; lo que yo no puedo decir que dentro de 15 días están derrotados, porque si usted no hace las cosas como debe hacerlas, en vez de quitar un prejuicio, lo que lo incrementa y crea incomprensiones.

Si lo que usted hace es justo y es correcto, puede tener la seguridad de que se obtiene la comprensión de todos; y, por otro lado, tampoco nos gusta perder tiempo. […]

 

[…]

Cmdte.-  Porque mira, uno de los problemas a resolver, porque es uno de los temas que más salieron en la visita a todos los núcleos, es la cuestión relativa a la recreación.  Nosotros hemos mandado, porque sabemos que todavía está sumándose todo, una contrapregunta, ¿cuál concepto tenían de recreación?  ¿Cuál era su concepto de recreación?  Porque me temo que el concepto de recreación, para muchos jóvenes, sea la idea de las discotecas esas locas que tienen los turistas y donde se mezclan allí y donde se toma, se acaba con la vista, porque todas aquellas luces son enloquecedoras, y puede aparecer, incluso, su hierbita por allí sin que nadie vea nada.

Es de suponer que nosotros de alguna forma o de otra nos enteramos y no por la policía, no.  Nosotros nos enteramos de cualquier problema en cualquier escuela secundaria, cualquier cosa que pase, y en la lucha contra las drogas sí tenemos que no perder un segundo nunca, porque cuando eso entra es un cáncer más de los que tienen las sociedades estas.  Claro, se ha creado, no sé cómo le llamarán ustedes, esa ingestión o indigestión de cosas traídas del exterior que, a mi juicio, no tienen nada que ver con la verdadera recreación sana.

Cuando tú hablaste de las escuelas es porque nosotros estamos elaborando una idea y vamos a hacer algunas pruebas.  Si nosotros podemos crear diversiones sanas, prácticamente, en cada escuela del país; tenemos distintas actividades, una de ellas:  ahora tenemos el televisor más la computadora, que ya les dije el efecto que tenía en las primarias; el deporte posible, porque hay algunas que lo que tienen es un patiecito chiquito; tablas gimnásticas; gimnasia rítmica de esta; la otra que hacen las mujeres para bajar de peso, aeróbicos y otros tipos de entretenimiento.  Es que estoy pensando que el lugar donde van a ir todos los muchachos los sábados y los domingos es la escuela. […]

 

[…]

Cmdte.-  Cuando hablan de recreación, a cuál se refieren, y cuánta recreación no pueden crear, producir nuestros artistas, buscando, como dicen ustedes, los locales.  Y estoy seguro de que salones como el salón este que yo mencionaba, el Rosado —ahora estamos averiguando cuánto costaría un salón Rosado de esos—, porque allí creo que caben 1 000 parejas.  ¡Mil parejas en un solo lugar de esos!  Busque espacio, averigüe cuánto cuesta, busque los espacios en las escuelas, ya no para que trabajen ustedes solos, sino para organizar fiestas sanas, saludables, alegres y sin ron en las escuelas.

Hay muchos problemas todavía, el otro día analizábamos en escuelas secundarias donde algunos fuman, ¿qué es eso de un muchacho fumando entre los 12 y 14 años en una escuela?  No, no, estoy hablando de problemas que estuvimos analizando.  Eso hay que erradicarlo.

¿Cuál es el ejemplo que los profesores le dan al alumno en la escuela?  ¿Qué profesor fuma?  Esto no es:  “¡Oiga!”, expulsándolo de la escuela.  No, no, esto es explicándole a todo el pueblo el problema, invitando a todo el pueblo a que coopere para que en una escuela no fumen… cigarros; ya no te digo otra cosita que de cuando en cuando aparece algún caso.  Esa es una batalla que se gana con las masas, de modo que se cree la cultura de que la falta más grave que puede cometer un profesor es estar fumando allí en la escuela delante de los alumnos.  La crítica pública, el análisis público del problema.  Eso genera la fuerza con que muchos de estos problemas se resuelvan.  Tiene nuestra sociedad no se imaginan ustedes cuántas cosas que superar.  Y eso no cuesta nada, eso sí que no es material,  […]

 

[…]

Cmdte.-  No me puedo marchar sin decirles algo, aunque sea cinco minutos.  Hemos estado como 14 horas trabajando casi sin descanso.  Bueno, sin descanso, no hubo descanso para unos cuantos de nosotros y tal vez ni para ustedes a la hora del almuerzo, y ahora tampoco.  Es una buena jornada de trabajo, aunque yo no doy por concluido el congreso.

Una gran parte de lo que hubiera podido decirles en una clausura formal la he planteado aquí.  Tenemos que pensar que hay que complementar las cosas que hemos acordado, hacerlo pronto, con toda rapidez. […]

 

[…]

Cmdte.-  Yo creo que tenemos que volvernos a reunir, como hemos hecho en los congresos de la UNEAC y de la UPEC.  Al fin y al cabo no hay que viajar 10 000 kilómetros para reunirnos, muchos pueden venir por carretera y otros por tren.

Ahora, hay que cumplimentar lo que hemos acordado y en un período de tiempo de cinco o seis meses, estoy proponiendo que nos reunamos para conocer cómo se ha cumplido lo que hemos acordado y volver a analizar problemas; porque tengan la seguridad de que la próxima vez que nos veamos ya nosotros tendremos muchas más noticias de cómo está marchando el trabajo de ustedes, los problemas que existen.

No nos sentiríamos satisfechos simplemente con que todo concluyera aquí y nos volvamos a ver dentro de cinco años.  Ustedes tienen mucho más espacio que yo para reunirse cada cinco años, pero yo tengo que hacer en cinco años lo que haría falta en 25, y por eso estoy proponiendo esto, que nos reunamos otra vez y hagamos una especie de rendición de cuenta de cómo están marchando las cosas que hemos acordado aquí y las cosas que hayamos resuelto en contacto con la dirección, y vayamos elaborando una especie de programa.

Hay algunos problemas por resolver.  Al mediodía estuvimos conversando y están relacionados con el hecho de que hay un número elevado de artistas que ahora terminan en la Asociación “Hermanos Saíz”, algunos son miembros de la UNEAC, […]  ¿Cuántos tienen ustedes en total en la UNEAC?, ¿cuántos hay?

Abel Prieto.-  En la UNEAC hay alrededor de 5 000.

Cmdte.-  Cinco mil, y el número de los que pertenecen a “Hermanos Saíz” es de alrededor de 2 500 y tantos, hasta este momento, me imagino que ingresen otros.  Nos queda una gran masa que de acuerdo con el trabajo que cada una de las dos organizaciones acometen, las tareas que deben desempeñar, o tendrían que cambiar su actual función y convertirse en organizaciones masivas, o mantener el status que tienen ahora.  La mayoría de las personas con las que he hablado son partidarios de mantener este status; pero hace falta una asociación o algo, son ideas, creo que debemos analizar y sacar las conclusiones pertinentes.  Alguna asociación donde puedan estar todos, quiero decir a la cual pertenecerían los que no están en la UNEAC ni están en la Asociación “Hermanos Saíz”, y tenemos además, el sindicato.

Eso lo estábamos discutiendo hoy, no hemos sacado conclusiones todavía, pero pienso que va a crecer.  Me pregunto, por ejemplo, los instructores de arte cuando terminen a qué organización van a participar; bueno, al Sindicato de los Trabajadores de la Cultura, aunque ahí están todos.  Aquellos, en un momento dado, van a ser graduados universitarios, tienen un nivel, hay que darles una atención.

Por eso es que hoy yo expresaba la idea más bien como una necesidad de que pertenezcan a una institución a la cual pertenecerían también los otros, cada uno con sus funciones específicas, no para dirigir a la UNEAC ni para dirigir a la “Hermanos Saíz”, pero sí para que formen parte de una institución que tiene funciones muy específicas.  Son todos los demás artistas, y los que ingresen, y los que se gradúen, es para mí un problema que hay que resolver, y entonces todos en el sindicato.  No se debe abandonar la idea del sindicato, pero, dadas las misiones del sindicato, pienso que este sector que no está en las dos instituciones mencionadas, requiere de una atención que a mí me parece difícil en ese sindicato que los abarca a todos también y pueda desempeñar en cuanto a las características de su trabajo.

Son ideas por pulir todavía.  Esta no es, digamos, una organización como la juventud, que trabaja en la juventud y en un momento dado ingrese en el Partido, cuando ingresan, que son dos momentos diferentes.  Los estudiantes transitan como estudiantes.  Pero yo pienso que el sector artístico e intelectual requiere una atención especial.  Son problemas nuevos porque crece la masa y habrá personas muy valiosas, masivamente valiosas.

Es una de las ideas que tenemos que contemplar.  Ustedes deben meditar también sobre este punto.

El sindicato tiene que trabajar; pero el sindicato tiene un gran número de trabajadores, es imposible que pueda proporcionarle la atención, yo diría, especializada que requiere la masa de intelectuales y artistas que no estarían ni en la UNEAC, ni en los “Hermanos Saíz”.

Estuvimos por el mediodía meditando sobre todo eso; sería bueno que pensaran ustedes, meditaran también.

Hemos hablado de sistema de cultura.  Todos los del sistema de cultura están en el sindicato.

Abel.-  Más trabajadores de la radio y la televisión.

Cmdte.-  Me parece que hay un vacío, me parece que nos falta algo.  Y, claro, no se debe tocar lo que son las dos instituciones, no hay que convertirlas en masivas porque dejarían de ejercer las funciones que están ejerciendo ahora.  No se pueden excluir de una asociación de artistas, como se sabe, crece el número de asociaciones.

Nosotros mismos tenemos que meditar, porque está muy fragmentado todo y puede estar fragmentado en el sentido de que están los que atienden la música, los que atienden…

Abel.-  Institutos y consejos, de la música, de las artes escénicas, del libro.

Cmdte.- ¿Cuántos tenemos?

Abel.-  Cinco.

Cmdte.-  Pertenecen al Ministerio de Cultura.  La UNEAC es una institución social; “Hermanos Saíz”, por todo lo que he podido apreciar, es también una institución social. Hay que hacer una coordinación entre cada una de las instituciones de ustedes y de ellos; pero las instituciones sociales no están subordinadas institucionalmente y, sin embargo, algo hay que hacer, que coordine.  ¿Quién es hoy, podemos decir, el principal coordinador?

Hay instituciones que pertenecen a la televisión, ¿no?

Abel.- Cuatro.

Cmdte.- ¿Cómo están organizados los artistas que trabajan en la televisión?

Abel.- Están sindicalizados —ahí está la Secretaria del Sindicato— por el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Cultura.

Cmdte.- Y me han dicho que es una persona excelente, todos ustedes han dicho.

Abel.-  Con cariño hablamos de ella mucho.

Hay una Asociación de Cine, Radio y Televisión de la UNEAC, y también hay algunos jóvenes videastas, realizadores que pertenecen a la Asociación “Hermanos Saíz”, que no son un gran número, con un pequeño número.  Están en el sindicato y están en la UNEAC, una asociación, incluso, bastante numerosa, que es la que preside Lisset.

Cmdte.- ¿Pero toda la coordinación se produce desde abajo?

Abel.-  En este caso el interlocutor permanente es, sobre todo, el ICRT, en el caso de esa asociación, la radio y la televisión, porque en el cine el número de realizadores, es decir, los realizadores del ICAIC, los artistas del ICAIC son realmente un número pequeño y son miembros de la UNEAC.  Hay algunos también de la Asociación “Hermanos Saíz”.

Cmdte.-  Y algunos que no pertenecen a ninguna de las dos.

Abel.-  Y algunos que no pertenecen a ningún lado.

Nosotros tenemos alrededor de 25 000 artistas en el país, es lo que yo le comentaba al Comandante.  De esos 25 000, entre la UNEAC y la Asociación, son poco menos de 8 000; el resto todos están dentro del sindicato de la cultura; pero no están, digamos, atendidos por organizaciones profesionales.

Cmdte.- Más bien que dispersar habría que crear algunas instituciones sociales nuevas, para mantener lo que tenemos hoy.  Saca la cuenta, 2 500 aquí, 5 000 allá, son 7 500; hay 17 500 artistas que pertenecen al sindicato, el cual tiene que atender, además, ¿a cuántos miles de trabajadores?

____________.-  Comandante, el sindicato tiene 70 000 trabajadores, porque, como usted expresaba, abarca el sector artístico en todas las manifestaciones, la radio y la televisión en la parte de nuestros artistas, pero también de nuestros técnicos, del resto de los trabajadores, y abarca a los periodistas y a los órganos de prensa.  Este sindicato es el resultado de la unión de lo que era el Sindicato de Artes y Espectáculos y del Sindicato del Libro y la Prensa, que en un momento determinado, hace 24 años, cuando se unificaron determinados sindicatos en diferentes sectores, se produjo de esta manera en el nuestro.

Cmdte.-  Correcto.  ¿Pero todos los trabajadores de la prensa pertenecen a la UPEC?

____________.-  Sí, Comandante, todos; a la UPEC y al sindicato, entonces los periodistas y el resto de los trabajadores de los órganos.

Cmdte.-  No hay duda de que el sindicato no podría atender la tarea de atender a todos los trabajadores de la prensa, es decir, no pueden prescindir de la UPEC; sin embargo, hay una masa de artistas y de intelectuales que están únicamente en el sindicato y, a mi juicio, requieren de una atención especializada.

¿Qué institución podría llenar ese vacío?  Bueno, una asociación que los comprenda a todos; pero esa asociación tendría una dirección que se ocuparía principalmente de todos aquellos artistas que no están dentro de la asociación; si ustedes quieren mantener una selección no hay otra alternativa.  Lo otro sería la masificación.

Creo que la UNEAC está haciendo un excelente trabajo, como la UPEC también, realiza un trabajo importante, y está la organización “Hermanos Saíz”, para atender a los más jóvenes, pero terminan a los 35.  Admito que jóvenes son los que hemos despedido hoy, algunos, desde luego, una parte pertenece a la UNEAC; están todos los demás, un número de artistas que va a crecer.  Sin embargo, tiene que haber un sindicato también de la cultura que los represente a todos, porque no van a dejar de estar ustedes en el movimiento sindical; pero las características del trabajo que tienen que desempeñar es muy diferente al del sindicato, digamos, azucarero, o al de la construcción.  Ni pueden dejar de pertenecer a los sindicatos, ni pueden ser atendidos por los sindicatos, con una sección de esto.  No, estas instituciones que estamos mencionando tienen una personalidad.

No podríamos hacer una tercera organización, porque sería ininteligible.  Tengo la impresión de que todos aquellos artistas que no pertenecen a estas dos instituciones, que están reconocidas, se van a sentir un poco en el aire; hay que meditar más sobre esto, saber más, qué tipo de problema pueden tener, qué tipo de atención especializada necesitan.  Es lo que hasta ahora veo; veo un vacío, veo la necesidad de que el resto de los artistas e intelectuales no se sientan por debajo; son del sindicato igual que todos pero no hay una atención para los intereses, los criterios, las preocupaciones de esos 20 000 artistas, y que no pertenecen a ninguna de las dos instituciones. […]

 

[…]

Cmdte.-  Tiene razón, pero una parte importante van a estar en las escuelas.

Bien, dejemos aquí planteado que es un problema a analizar y a resolver, con calma; pero yo quería plantear este punto.

Lo otro, decirles que le vamos a prestar el máximo de atención a la Asociación Hermanos Saíz.

Yo me he llevado muy buena impresión del congreso, estoy admirado de la cantidad de talentos, en el otro sentido de la palabra; porque yo hablo del talento, la capacidad de comunicación que tienen, las cosas que han expresado, el sentimiento, la forma en que lo han hecho, y veo con claridad lo que pueden hacer ustedes, claridad total.

El otro encuentro —parece que hace un siglo que yo me reuní con ustedes—, en 1988, hace 13 años, ¿qué teníamos por delante?  Nada, no teníamos ni la sombra, por lo menos yo, de las ideas que posteriormente se fueron desarrollando. […]

[…]

Me alegré, porque habiendo sido hace 15 años, me encontré unas cuantas cosas, unas cuantas ideas, que son las mismas que hemos estado defendiendo y desarrollando ahora; pero hay un abismo de diferencia entre 1988 y este año 2001, somos un pueblo mucho más curtido, mucho más sometido a durísimas pruebas, un pueblo que tiene más comunidad de pensamiento, por la experiencia que todos hemos tenido que vivir.

Me parece que eran años de confusión, y ya yo estaba aburrido de que se hablara de las Palabra a los Intelectuales, porque yo sé valorar cada cosa, las mías, y soy crítico; puedo, por otro lado, sentir una determinada tranquilidad de conciencia, porque en algunas cuestiones claves no tenía duda alguna.  Detrás traíamos aquellas broncas tremendas desde principio de la Revolución, y que estaban presentes, por supuesto, cuando las famosas Palabras a los Intelectuales, y era una guerra entre el órgano oficial del Partido, que se llamaba entonces Revolución, en que se creó una “capilla” que quiso monopolizar todo lo relacionado con la cultura y el arte.  Así todos terminaron donde era lógico que terminaran, de enemigos de la Revolución; tenían guerra con otros compañeros excelentes, que han permanecido hasta el final de sus vidas, y algunos todavía están en una línea revolucionaria.

Aquello de Lunes de Revolución, ¿cómo se llamaba aquello?  (Le dicen algo.)  Aquello era algo horripilante, yo me acuerdo a cada rato.  Y conozco a quien era el amo del suplemento, es un caballerito que uno siente vergüenza de que haya sido director del órgano, yo lo conocía bien, no de antes; porque en la gran realidad nuestro movimiento era muy heterogéneo, y casi todo el que se iba de las filas del Partido Socialista Popular, el cual puede ser sometido a un análisis histórico, crítico y todo, pero nadie le podría negar su condición de ser gente de la más honrada, con ideas antimperialistas, una organización que luchó por los trabajadores en tiempos complicados.

Hay épocas históricas.  Aquella era la época de los años que precedieron al fascismo, en que la Internacional Comunista existía y daba órdenes desde Moscú; pero esos partidos de buena fe, con gran amor, formaban parte de esa institución.  ¡Qué magnífica cosa es una Internacional!, una Internacional democrática.  Y los partidos comunistas latinoamericanos están llenos de gente de grandes méritos, de grandes sacrificios, que se mantenían firmes, y se mantuvieron firmes aun en los tiempos del macartismo, pero en aquellos fatales años en la lucha contra el fascismo se crearon aquellos frentes internos antifascistas en que juntaron al perro, al gato, a los ratones, le hicieron frente a aquello, y el Partido Comunista de Cuba, fundado por Mella, Baliño, y al cual pertenecían muchos de estos nombres que se mencionan, Pablo de la Torriente Brau, por supuesto, Mella, que fue uno de los mártires, Martínez Villena, organizó la huelga que derrocó a Machado.  Sufrieron represiones de todas clases, se cae el gobierno, surge un movimiento militar dirigido por un sargento de conocido nombre, se unió todo el mundo allí: los estudiantes, los del Directorio.  Toda esa historia, por lo menos yo me he visto en la necesidad de conocerla.

 

Eso fue en 1933.  Sube Hitler creo que ese mismo año al poder. Sus teorías contenidas en el Mein Kampf empiezan a ser aplicadas: peligros de guerra, consignas antiguerreristas y antifascistas de la Internacional Comunista, los frentes únicos, los frentes populares.

Como consecuencia de eso, aquí en Cuba, se junta la fuerza batistiana, que eran gente de los batistianos, los militares que eran corrompidos, asesinos, represivos, habían matado a no se sabe cuántos obreros, cuántos estudiantes, habían reprimido la huelga de marzo de 1934 —ó 1935, una de esas fechas— a sangre y fuego; los comunistas venían, que con su historia de la lucha contra Machado, de la lucha contra Batista.  Entonces aquel Frente Popular mezcla a los batistianos y a toda su gente, a la ABC, famosa, que era una institución que se había destacado en la lucha contra Machado a base de poner bombas y era fascista de pensamiento, toda esa gente se juntó en aquel frente antimperialista, viene una constitución, y aquella alianza, durante un montón de años, entre Batista, aquella gente y el Partido Comunista, ordenada desde el exterior le costó un precio altísimo al Partido Comunista con todos sus méritos y su historia, y siguió en todo ese período defendiendo a los obreros y arrancando cualquier conquista, pero enajenó la simpatía de mucha gente joven, de muchos estudiantes.

 

En las elecciones de 1940 estuvieron juntos en la Constituyente.  En la Constituyente todo lo que había de bueno fue lo que propusieron los comunistas allí, ley de reforma agraria y otras, que ninguna, como pasa en todos estos países burgueses, ni se cumplimentó nunca.

En las elecciones de 1944, todavía en medio de la guerra, en que el candidato batistiano pierde, estaban aliados, y se acaba la guerra y empieza casi de inmediato la guerra fría, el macartismo, los gobiernos auténticos, y empiezan a matar comunistas, líderes comunistas.  La gente se mantuvo firme, lo digo así, hablando objetivamente, imparcialmente, pero los revolucionarios con una conciencia, una cultura verdaderamente política.

El único partido era el Partido Comunista, cometió enormes errores, sobre todo en el proceso insurreccional, y no como partido, sino porque algunos líderes estaban afuera, otros se quedaron, algunos tenían métodos stalinianos, conceptos stalinianos, y realmente hubo uno que prácticamente se apoderó en ese período de la lucha revolucionaria, de la lucha armada, y siguió la política de dejar que murieran los pequeños burgueses, que éramos nosotros, cuando yo ya casi me sabía de memoria algunos de los … Yo era comunista, primero comunista utópico y después comunista marxista-leninista desde el año 1948, y como en cualquier cosa que me meto suelo hacerlo en serio, era radical; ya todo lo que vino después estuvo determinado por la táctica que había que seguir en este país para tratar de hacer una revolución al lado de Estados Unidos, cuando los comunistas estaban aislados en ese período.

Por eso yo no me afilié al Partido Comunista, tenía muy buenas relaciones con ellos, entre otras cosas, porque tenían un crédito en la librería del Partido Comunista que estaba en Carlos III y yo tenía hasta un montón de libros, todos los libros los adquiría allí fiados, y todavía no he pagado ni la cuenta, porque después que se terminó los visité por allí y no les pagué, pero yo creo que les debía como 100 pesos, y 100 pesos en aquella época era tremendo.  Ellos me entregaron los libros.  Ellos divulgaron las ideas, ayudaron a que pequeños burgueses y burgueses entraran en contacto con la literatura; ya en ese momento estaban en la misma posición de oposición al régimen corrompido de Grau, de Prío y de toda aquella gente.

¿Qué hizo nuestro movimiento?  Bueno, aquí está Armando Hart, él sí puede ser testigo, él era un pequeñoburgués de izquierda de verdad, y no sé cuándo él adoptó el credo comunista y el marxismo-leninismo.  ¿Cuándo fue, Armando?

Armando Hart.-  Cuando caí preso y me puse a leer, me di cuenta que con todo lo que pensaba, sin saber que era socialismo, estaba con el socialismo.  Me hice comunista por la Revolución que tú has dirigido.

Cmdte.-  Sí, ya tú eras.  ¿Qué edad tú tienes, Armando?

Armando Hart.-  Yo tengo sesenta y nueve.

Cmdte.-  Me asustas, porque nada más te llevo cuatro.

¿Tú sabes cómo era la universidad?  Una universidad de 15 000 alumnos, tan fuerte había sido el efecto de la guerra fría y tan de clases era esa universidad que entre 15 000 estudiantes no había 50 estudiantes antimperialistas, en la Universidad de La Habana, en esa, donde yo llegué.  Ya conté cómo fui utópico primero, leyéndome los libros del capitalismo sobre la base del pleno raciocinio.

¿Qué tiene que ver esto con la cultura?  Cuando triunfa la Revolución, nuestro movimiento era muy heterogéneo y entonces cuanta gente desertaba del Partido Comunista, los recogía el 26 de Julio, digamos (Le dicen algo).  No hace falta ni nombrarlos.  Pero, no, lo de Franqui… Yo no te echo ninguna culpa, pero realmente se nutrían.  Ah, un grupo obrero del 26 de Julio era, por lo general, de renegados del Partido Comunista; Franqui era uno de ellos, había sido miembro del Partido Comunista y le tenía resentimientos.  Era un tipo, además, mediocre.

Yo me acuerdo que después de la huelga de marzo, un episodio en que el movimiento revolucionario sufrió una derrota, van para allá un grupo de dirigentes, entre ellos estaba Frank; pero como era director de un periodiquito clandestino, que se llamaba Revolución también, allí le dimos la tarea en la estación de Radio Rebelde, que ya estaba fundada.  Fue más o menos por el mes de… en abril fue la huelga, en mayo viene una ofensiva tremenda contra nosotros.  Allí se me apareció con un librito de Sartre sobre filosofía, no me acuerdo cómo era el título.

Se vio claro, clarísimo, que él no sabía bien cómo yo pensaba, sí lo sabía el grupo de compañeros de la dirección del Movimiento 26 de Julio, Montané, Abel. […]  Si nosotros después del golpe de Estado, en una casa donde nos habíamos refugiado por allá por Guanabo, teníamos círculos de estudio marxista; estaba Abel, Montané, Ñico López, un grupo de ellos.  Recuerdo que el material que usábamos era una biografía de Marx, escrita por Mehring, una buena biografía.  Y a mí me costaba poco trabajo convencer a aquellos compañeros de las ideas comunistas, de las tesis de Marx; con Montané, con Ñico, con Abel no costó nada.  Qué fácil era un joven en aquellos tiempos, en aquella sociedad, abrirles los ojos sobre unas cuantas verdades.  Había otros a quienes les interesaba nada más que la acción, no andaban muy preocupados por cosas de política. […]

 

[…]

Pero Carlos Franqui, responsabilizado con Radio Rebelde, y yo tenía que redactar las noticias de la guerra, de todas las cosas, porque a él no se le podía dar, ni sabía de eso, ni sabía redactar.  Fíjense lo que digo:  ¡No sabía redactar!  Yo no era experto en redacción ni mucho menos, pero podía hacer ese trabajo.  Y era en medio de la ofensiva, a veces hasta habíamos hecho una comunicación telefónica desde un punto redactando las noticias todos los días, y, desde luego, los partes de cada una de las batallas más importantes los redactaba yo, con todos los datos, con toda precisión, veracidad, sin exagerar una baja al enemigo ni reducir las nuestras.

Cuando triunfa la Revolución viene con su periódico Revolución ya aquí, crea Lunes de Revolución, y nosotros veníamos de la guerra y con veinte mil problemas más, ni cuenta nos dábamos de lo que estaba haciendo el tipo allí.  Y así, la guerra contra los comunistas.  Las famosas palabras aquellas fueron en las condiciones esas de ese conflicto. […]

 

[…]

Cmdte.-  Sí, pero estábamos claros, conscientes, de esas tendencias, fue más bien buscar unidad.

[…]

En esas condiciones fue que se plantearon aquellos problemas, aquellas palabras que quedaron.  Después nos volvimos a reunir.  En dos palabras: se han producido muchos cambios, pero el más grande cambio se ha producido entre 1988 y hoy, hace 13 años, es un radical cambio.  En ese entonces no existían las condiciones; también ha habido una profundización del sentimiento antimperialista, el sentimiento patriótico, el sentimiento socialista en las masas; nosotros lo sabemos porque recogemos todos los días en todo el país, a las dos horas llegan las primeras noticias de una mesa redonda, una tribuna, un acto.

Casi podemos medir matemáticamente los estados de opinión y qué opinan de cada una de las cosas; también el estado de unidad que hay en la población desde el punto de vista político.  Esto es independiente de una queja por allá y otra por acá de distintos problemas; pero estoy hablando en los términos políticos.  Estas son las condiciones que tenemos; jamás habíamos tenido las condiciones que tenemos ahora, producto del período especial, pero de modo muy particular a partir del secuestro de Elián, que nos obligó a una batalla por ese niño, a la movilización de todo el pueblo, y a una batalla que íbamos a ganar, y la íbamos a ganar de todas formas y sin violencia.

Las relaciones de la familia se fueron desarrollando, la pudimos conocer.  Cuando nosotros lanzamos esa batalla el día 5, yo había hablado con Juan Miguel.  Figúrense, él no conocía, jamás habían devuelto a nadie, a ningún niño, jamás había ocurrido un acto de justicia.  El escribe al ministerio, después escribe la madre de la antigua esposa de Juan Miguel, que murió.  Y yo digo, ¿cómo será este hombre?  Tenía que saberlo, verlo, si era un buen padre.

 

Aquello no se podía obtener por vías legales, tenía que ser por vías políticas, a través de la movilización, de la batalla política.  Tres horas estuvimos hablando, fui franco, le dije:  “Esto no se gana así.”  El traía fotos del niño, hasta material fílmico del niño.  Es que tenía obsesión con el niño, y atendía al niño.  Llegó con los ojos rojos y llorando, y escuchó todo lo que le expliqué con toda objetividad:  “Esto no es cosa de…  Esto es como mínimo tres meses, esta es una batalla política, y yo necesito saber qué clase de padre eres tú.”  Sí, todos los datos, todas las cosas, un montón de aspectos por los cuales uno puede sacar, realmente, una conclusión de cómo es una persona.  Y a partir de esa conclusión, decidimos lanzar la batalla. […]

 

[…]

Un error en la apreciación de las características del padre, habría sido un desastre, gran riesgo en aquella pelea; un error en el tratamiento del resto de la familia, que estaba la mitad allá y la otra aquí, habría sido un desastre.  Esa lucha no solo tiene todos los aspectos visibles, sino todo el aspecto de los métodos utilizados, porque de paso que dábamos se cruzaban notas —non paper, como le llaman los yankis—; un papel, que no es una nota diplomática, eso era todos los días, y la información al padre de las cosas esenciales, a la familia también, el tratamiento con la familia, en medio de una situación delicada, por las cosas que ustedes conocen:  estaban las dos abuelas, una había perdido a la hija.  Eso requirió un trabajo, realmente, pero muy cuidadoso.

Fuimos afortunados, con Juan Miguel, en primer lugar, y con la familia en general.  A Juan Miguel le ofrecían cualquier cosa, pero a Juan Miguel no había quien lo comprara; ellos soñaron durante un tiempo que podían llegar a comprarlo con su propio hijo:  “No, te lo damos enseguida.”  Y tuvo una firmeza…  Es  verdaderamente admirable el comportamiento de ese muchacho.  Pero, bueno, nos obligaron a librarla, y teníamos que ganarla.

Nosotros no habíamos utilizado todos los recursos, ya les conté que terminaron las estaciones, lo divulgaron todo, fue cambiando la opinión; pero nosotros teníamos determinadas medidas estudiadas que no las resistían tres días, ya a partir del momento en que teníamos el apoyo aquel, la información internacional…  Y medidas pacíficas; había algunas que eran dramáticas, pero pacíficas.  Había que traer al niño de todas formas, sin guerra.

Calculen ustedes qué momentos estuvimos viviendo todo el grupo de compañeros que nos encargamos de aquella tarea, que vimos rápidamente las estupideces; la idea de construir la tribuna como algo permanente, el Juramento de Baraguá, la decisión de seguir la batalla cuando regresara el niño.  Pero era una incógnita, si toda aquella situación de emotividad tremenda al regresar el niño ya nadie quisiera…, y la batalla aquella perdiera fuerza.  Yo pensaba que podíamos mantener la fuerza, porque es que conocíamos las opiniones.  Con anterioridad se hizo lo de Baraguá.  El tránsito fue entre el acto de Holguín, que reunió a 400 000 personas, y después el de Manzanillo, en que ya se declaró que continuaba la lucha.

Ya después ese movimiento adquirió mucha más fuerza:  la marcha en protesta por los compañeros presos, el desfile frente a la Oficina de Intereses el día 26, después el acto con motivo del aniversario de lo de Barbados.  Antes había venido la dramática muerte de aquellos dos jóvenes que cayeron en Londres tratando de viajar a Estados Unidos, la lucha contra la Ley de Ajuste Cubano, todo eso iba creciendo, detrás de una causa venía otra.  Y ahora la situación esta de un señor ahí que decretó el cese de la independencia.  Permítanme decirles que somos el único país libre del mundo, independiente, ¿no?  Decretó esto, y nadie hizo lo que hicimos nosotros.

Lo podíamos hacer sin aventuras y con tranquilidad, porque conocemos bien los problemas que tienen, las contradicciones y todo eso.  Es decir que no es ninguna aventura.  El movimiento ha crecido y sigue creciendo.  Ya las bombas esas que están lanzando, la cantidad de personas que viven en esas aldeas es impresionante.

Esa es la fuerza que tenemos en este momento.

En el Congreso de la UNEAC se elaboraron una serie de ideas, pero que eran defensivas prácticamente, las únicas que podíamos…, cómo defender la nación.  Ahora estamos a la ofensiva. […]

 

[…]

Nosotros, las tareas en que quedamos, la situación esta un poco extraña, un vacío que queda; pero tenemos tiempo, lo estoy planteando como una preocupación.  Cuando yo hoy mismo en el almuerzo les estuve preguntando exactamente cuántos había, qué tanto por ciento, cómo era la cosa, los que tenían ustedes, los que tenía la UNEAC, y el número de artistas e intelectuales, y vi la masa esa, como también veo la cantidad de combinaciones, qué coordinaciones, porque este por aquí y el otro por allá, hasta he pensado si sería bueno un método de trabajo, algún encuentro, de tiempo en tiempo, entre todos los que tienen autoridad para coordinar las actividades relacionadas con la cultura, para que no se den situaciones de un problema, un grupo con alguien en que cultura no pueda resolver nada.

Por lo menos veo, independientemente de lo que se haga, la necesidad de que las partes que tienen facultad de decisiones…  Ahí mismo uno está proponiendo, el compañero que lo propuso, los títeres a trabajar a las escuelas; pero, bueno, eso no se debe hacer sin coordinación previa, comunicación previa y autorización del Ministerio de Educación.  No sería correcto que empiecen los compañeros nuestros de la juventud en La Habana a tomar acuerdos.  Claro, eso hay que coordinarlo.

La idea es buena, y en aquel lugar en concreto, los trabajos que estamos haciendo no es…, es un lugar, no es un programa; pero tiene que coordinarse con el grupo, tiene que coordinarse con educación, tiene que coordinarse con ustedes; y hay que informarlo al Ministerio de Cultura, puesto que es una actividad cultural, y está educación, está cultura, está esta organización y habrá a lo mejor alguna otra dirección.  Es decir, hay que coordinar todas las cosas, porque hay muchas cosas, y es bueno el carácter de esta asociación, el carácter de la UNEAC, pero, bueno, son organizaciones sociales, no son entidades administrativas, y es muy importante que haya esa coordinación, cada vez más, porque cada vez va a haber más gente, cada vez va a ser necesaria una mayor coordinación.

 

En realidad no debe fallar ninguno de los programas que se hagan.  Uno le diga un poco de atención, hay un hábito de coordinar.  A cada rato hay que coordinar, en el mundo de hoy es imposible…  Hay problemas, en cualquier país, que tienen que ver 10 instituciones con ellos.

Nosotros tenemos la ventaja de la unidad.  Debemos coordinar y analizar antes de que se vaya a tomar una decisión.  A nadie le gusta      —fíjense bien— que se adopte una decisión sobre algo que sea de su competencia, y no le digan nada, no le informen.  Esos hábitos son muy dañinos, constantemente dan lugar a fricciones y a problemas. […]

Fidel sobre el sistema político cubano, 18 de marzo de 1990

 

Discurso pronunciado por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz en el encuentro con intelectuales brasileños, en el Palacio de Convenciones de Anhembi, Sao Paulo, Brasil, el 18 de marzo de 1990

(…)

En las entrevistas de prensa, pude percatarme de algo: un nivel de confusión considerable (RISAS), un nivel de desinformación muy grande. Creo que es una lección muy objetiva del poder de los medios masivos internacionales, las agencias de cables, los satélites y todos los medios con que cuenta Estados Unidos para hacer sus campañas y hacer su propaganda. Es algo en verdad notable.

(…)

Sobre elecciones en Cuba, una vez y otra vez, y sobre las elecciones directas; téngase presente que esas preguntas se hacen aquí en este país, donde hubo una gran batalla por las elecciones directas, en un momento determinado, que fue el camino de cambiar la situación que estaba viviendo el país. Sobre la Revolución y lo que va a pasar después que yo me muera y todas esas cosas.

Por ahí me hicieron algunas preguntas simpáticas, si le tenía miedo a la muerte, y qué va a pasar, cómo es; y esas preguntas se repetían. Y cuándo va a haber elecciones en Cuba, ya no directas, sino cualquiera (RISAS).

Con una gran paciencia, realmente, y con agrado les fui respondiendo y más de una vez les dije a algunos periodistas, ¿por qué ustedes no profundizan en los problemas? ¿Por qué no van a la esencia de los problemas? ¿Por qué se dejan guiar por consignas? ¿Por qué se dejan arrastrar por pautas que traza el imperialismo, que lo hace de esta manera y de otra?

(…)

Todo ese tipo de problemas lo vi y pensaba, desde luego, qué necesidad tan grande hay de esclarecer, y qué necesidad hay de dialogar y de debatir y de discutir. Lo que sí les puedo decir es que mis interrogadores, como regla, se quedaban sin contrarrespuesta, o se quedaban con la boca abierta. ¡Cuántas cosas he tenido que decir! Cualquiera podría pensar que me pasé un mes pensando todas esas cosas. Y no, se me ocurrieron en el acto muchas de ellas. Realmente nadie habría sido capaz de imaginarse tantas tonterías como he oído en estos días, y no siempre tonterías, y muchas de buena fe.

Pero me dolía, gente inteligente, gente preparada, que no viera más que un ángulo, un minúsculo ángulo, y un solo aspecto del problema.

Sobre el fenómeno de las elecciones directas ni se sabe las cosas que fui diciendo. Incluso les preguntaba: ¿Pero las elecciones directas son las únicas que existen en el mundo?

Díganme, ¿son las únicas? ¿Es la única forma de democracia que existe o que es admitida como forma democrática?

Ya resulta que no saben de nada más.

Les decíamos: “¿Ustedes saben si en Cuba hay elecciones o no? ¿Ustedes se han leído la Constitución de Cuba alguna vez?” “No.” “¿Ustedes saben que en Cuba hay una constitución?” ¡Ah!, no, ellos no saben que en Cuba hay una constitución. “¿Ustedes no saben que en Cuba hay elecciones cada dos años y medio?” ¡Ah!, no, no saben. “¿Usted sabe cómo en Cuba se escogen los candidatos en cada una de las más de 10 000 circunscripciones del país?” “No.” “¿Y usted sabe que allí es el pueblo y no el Partido el que postula a los candidatos?” “No.” Es así.

Tuvimos la buena suerte de adoptar ese método y no el que habían hecho otros países socialistas, y cómo son aquellas: no puede haber más de ocho ni menos de dos candidatos, y en casi todas hay que ir a una segunda vuelta, porque los dos que quedan en primer lugar necesitan el apoyo de la mitad más uno.

¿Y quiénes escogen? Los vecinos. ¿A quiénes escogen? A los mejores. El Partido no puede intervenir en la postulación de un delegado de circunscripción, y ese delegado de circunscripción es el que elige todos los poderes del Estado, constituye la Asamblea Municipal, y no solo eso, elige el Poder Provincial y elige la Asamblea Nacional del Poder Popular, y más del 60% de los miembros de la Asamblea Nacional del Poder Popular son esos delegados postulados por el pueblo y elegidos por el pueblo. Puede haber alguno que no sea delegado de circunscripción y lo elijan diputado nacional. Nosotros procuramos que los cuadros fundamentales no participen en esa elección de circunscripción, para que sea de una manera espontánea y libre la selección de los que van.

Puede postularse o lo pueden elegir, pero más del 60% son aquellos delegados de base elegidos diputados por los mismos delegados de circunscripción; no es que haya uno, dos, tres y una cadena de elecciones indirectas, sino que son los mismos que eligen allí en la base los que después constituyen todos los poderes del Estado.

Entonces les digo: “¿A todos los jefes de Estado los eligen por votación directa?” “No, no sé.” Digo: “Bueno, el Rey de España es jefe de Estado, ¿lo elige alguien por votación directa?” ¡No, si son descendientes de los Borbones, de no sé cuántos siglos, que tuvieron no sé que guerras dinásticas!, casi desde la época de la reina Isabel de Castilla, no por un derecho democrático, sino por un derecho genético (RISAS); son los genes trasmitidos desde la reina Isabel la Católica. Les dije: “Nadie va a España y ningún parlamento acuerda enviar un telegrama a España para que elijan al Rey por voto directo o al Jefe de Estado.” Lo eligieron hace 500 años, mucho más tiempo que el que hace que me eligieron a mí por primera vez Presidente (RISAS Y APLAUSOS).

He tenido distintos cargos, primero no tenía ninguno y me hice la ilusión de que podía estar sin ninguno, hasta que realmente se crearon unos problemas tremendos, estaba todo paralizado y a mí me exigieron ser Primer Ministro, yo no quería ser Presidente; es que no me gusta el título, da la casualidad. Y a mí nadie me dice Presidente ni cosa que se parezca, a mí me dice todo el mundo Fidel y ese nombre sí que no me lo van a quitar ahora, ¿no?, porque es que soy vecino de los ciudadanos, y eso no lo entienden. Se creen que yo soy un señor todopoderoso, por allá arriba, que vive en una urna de cristal, alejado del mundo, un dios allá en el Olimpo.

Fui Primer Ministro durante mucho tiempo, había otro Presidente, y fue la dichosa nueva Constitución la que me hizo a mí Presidente, porque establecieron el cargo de Presidente del Consejo de Estado que es, a su vez, jefe de gobierno. En nuestro país no hay ni siquiera un régimen presidencialista, es una presidencia colegiada, como hay una dirección del Partido colegiada. Yo no puedo decretar un indulto por mi cuenta, esa facultad la tienen todos los presidentes en todas partes; hay que reunir al Consejo de Estado y pedir la opinión de cada uno de los miembros del Consejo de Estado para indultar a alguien. No puedo nombrar a un embajador, es el Consejo de Estado el que nombra al embajador; no puedo nombrar a un ministro, señores, ¡yo no puedo nombrar a un ministro!, es el Consejo de Estado el que nombra a los ministros, y tiene que hacer un decreto con la participación de todos. Esto no significa que yo no tenga autoridad o que no tenga influencia o que no tenga peso en la vida del país.

Dicen: “¿Qué usted hace?” Lo que hago es hablar, no doy órdenes, hablo y persuado a las personas de lo que debe hacerse; y puedo persuadir, pero no es que hago decretos, hago cosas, nombro a este por mi cuenta. Señores, yo no designo ni embajadores, ni jefes de departamentos, ni jefes de direcciones del Estado. Todo eso tiene, incluso, su mecanismo, su fórmula; todo eso tiene una política de cuadros, se estudia y considera el expediente de cada cual.

Por ahí los gobiernos se pasan todo el tiempo firmando decretos, nombrando gente. En nuestro país están muy descentralizadas, incluso, las funciones del Estado.

Entonces les sigo preguntando —no es que a cada uno le haga preguntas, a uno le hago una y a otro otra—, les digo: “¿Cuántos jefes de gobierno de Europa se eligen por voto directo?” Digo: “A Felipe no lo eligen por voto directo, ni al Primer Ministro de Italia, ni al Primer Ministro de la RFA, ni a la Primera Ministra de Inglaterra o de Grecia”, los enumero todos y ninguno está elegido por voto directo, sino que votan por los parlamentarios, más o menos, en el Parlamento; a veces se reúne una coalición y nombran a un primer ministro, cuyo partido no tiene la mayoría de los votos en el Parlamento.

¿Y a los diputados cómo los eligen? Por listas, señores. Todo el mundo sabe el truco: un partido postula a 12, y pone uno, dos, tres y cuatro, como los primeros de la lista, y esos son los que van a salir. En Cuba la población elige a los delegados, y ellos eligen todos los poderes. En los países mencionados, el pueblo no participa ni en la elección directa de los diputados. Bueno, está bien, hasta me parece mejor, para que no haya una guerra entre cada uno de los aspirantes de un mismo partido. No es que lo impugne, pero no es un sistema de elección directa.

¿Por qué no les escriben allá a ellos? ¿Por qué no les plantean a toda esa gente que se elijan por voto directo? ¿Y por qué no le escriben al Primer Ministro de Japón? ¿Y por qué no hablan en Estados Unidos para que hagan otra forma de elección? Allí, en definitiva, vota el 48% de los electores, a los demás les parece una basura tan grande todo aquello que ni votan (APLAUSOS). Allí hay un solo partido, porque no hay nada más parecido en este mundo que el Partido Republicano y el Partido Demócrata, y más nada. Da lo mismo, ese es el tipo de alternancia que tienen: un partido burgués por otro partido burgués, un partido imperialista por otro partido imperialista. Y allí se turnan, y salen electos los presidentes de Estados Unidos con el 25% o 26% de los votos, y después el ciudadano en cuatro años no vuelve a saber para qué sirve el voto, ni vuelve a participar en cuatro años en la vida del país.

En nuestro país el delegado de circunscripción tiene que reunirse sistemáticamente con los electores, y rendir cuenta y explicar. El pueblo de Cuba tiene una participación en los problemas del país y en las actividades y decisiones del gobierno, que no la tiene ningún país en el mundo. Nosotros vamos de congreso en congreso de obreros, discutiendo toda la política con ellos; de congreso en congreso de mujeres; de congreso en congreso de Comités de Defensa de la Revolución; de congreso en congreso de estudiantes de nivel medio y de estudiantes de nivel universitario; de congreso en congreso de campesinos, de las masas del país organizadas, y prácticamente no hay política en nuestro país que no se discuta con cada una de esas organizaciones. Eso no pasa en ningún lugar del mundo. Y allí están la dirección del Partido y del Gobierno discutiendo cada uno de los problemas fundamentales con todas esas instituciones.

Hablan de los años en el poder y yo les digo: ¿Y a Felipe cuánto tiempo lo pueden elegir? ¿Y a la Thatcher cuánto tiempo la pueden elegir? ¿Y a Khol cuánto tiempo lo pueden elegir? ¿Y al Primer Ministro de Japón cuánto tiempo lo pueden elegir y cuántas veces? Un período, dos períodos. Hay algunos de ellos que, eufóricos, dicen: “Vamos a estar 30 años.”

¿Y si Felipe tuviera la salud de Matusalén y viviera 500 años y no cometiera grandes errores? Lo pueden elegir hasta ochenta veces. Puede ser Primer Ministro 320 años. Y no van allá a preguntarle: “Felipe, ¿qué tiempo tú vas a estar aquí, chico? ¿Cuántas veces te pueden elegir a ti?”

Entonces a la Thatcher, al de Japón, al de España, los pueden elegir ochenta veces y a mí no. ¿Por qué protestan? ¿Y si me eligen y me reeligen por qué protestan? Al fin y al cabo, no he cometido tan grandes meteduras de pata (APLAUSOS). Porque si, en definitiva, nosotros, como dirigentes de la Revolución Cubana, hubiéramos cometido grandes errores, no estaríamos ahí; no estaría la Revolución, no nosotros, no estaría la Revolución, y nosotros estaríamos seguramente muertos (APLAUSOS).

¿Es que acaso resulta lo más fácil en la historia de este mundo hacer una revolución a 90 millas de Estados Unidos y resistir más de 30 años el bloqueo imperialista, la hostilidad, la calumnia, la guerra contra nosotros, la permanente amenaza, que nos ha obligado a invertir tantos recursos y nos ha obligado a invertir tantas energías y hacer tantos sacrificios? ¿Habríamos podido resistir? ¿Quién iba a salvar el socialismo en Cuba, los tanques soviéticos? Los soviéticos estaban allá, bien lejos, no podrían llegar a Cuba. Los tanques que llegan allí rápido son los yankis, ¿comprenden? Eso nos ayudó mucho.

En vez de decir qué desgracia haber vivido tan cerca de Estados Unidos, puedo decir: qué suerte haber vivido tan lejos de la frontera de la Unión Soviética, que nunca se nos ocurrió confiarnos en que venían a salvarnos nuestra Revolución, si nosotros nos divorciábamos de las masas y del pueblo y empezábamos a cometer todo tipo de errores. Pero, además, qué suerte, porque a una revolución que no sea capaz de defenderse a sí misma, no vale la pena salvarla. ¿Para qué sirve una revolución que haya que estarla salvando? (APLAUSOS)

Esas han sido nuestras concepciones. Nos han obligado a trabajar duro, y a mantener como un principio elemental de la Revolución la estrecha vinculación con las masas y la estrecha unidad del pueblo, o no podríamos.

Salió una periodista de una agencia internacional y sacó también la historia, dijo: “Usted dijo que cuando uno está de visita en un país, es preferible marcharse un minuto antes y no un minuto después, y usted lleva tanto tiempo en Cuba.” Y le dije: “Pero tú te has olvidado de que en Cuba yo no soy visitante, soy vecino de allí, nací allí y pienso morirme allí.” ¿Qué tendrá que ver lo que yo dije?

Pero volviendo siempre a la misma idea, le expresé: “Mire, compañerita, la culpa no la tengo yo, la culpa la tienen los yankis, porque han estado 30 años tratando de matarme y no han podido” (RISAS). Pareciera que lo mejor es que los yankis hubieran tenido éxito. “Ellos llevan 30 años tratando de aplastar la Revolución y no han podido, y yo llevo una pelea con ellos y junto al pueblo. Y es el pueblo el que me ha puesto allí y me ha dado esa tarea; cuando me quiera dar otra, gustosamente la hago. Ojalá no me la dé ahora, porque estos momentos que vienen son difíciles y son los que, realmente, más le gustan a uno. Ahora, el revolucionario no deserta y, como dijo Mella, el descanso de los revolucionarios es la tumba. Lo cual no puede querer decir, bajo ningún concepto, ¡bajo ningún concepto!, que tenga que tener el mismo cargo, ni mucho menos.”

Bueno, para qué les voy a decir a ustedes. Creo que todos nosotros estamos haciendo el máximo aporte que hemos hecho nunca y trabajando, realmente, como no hemos trabajado nunca, con el cúmulo de experiencias que tenemos ahora. Creo que somos útiles y que las tareas que desempeñamos las podemos desempeñar perfectamente bien, porque el país ha tenido que vivir en tiempos difíciles y tiene que vivir un tiempo todavía más difícil. Pero creo que yo sería el primero, en el instante en que me diera cuenta de que soy inútil y que perjudico en lo que estoy haciendo, sería el primero en pedirles y exigirles a mis compañeros que me liberen de cualquier responsabilidad, si esa no la puedo cumplir; de la que no me liberaré nunca es de la responsabilidad de ser soldado de la Revolución. Y —como le dije a una de las entrevistadoras— mientras me lata el corazón, me funcione el cerebro y pueda mover un dedo, estaré luchando por la Revolución y seré soldado de la Revolución; aunque esté en silla de ruedas, me siento capaz de combatir.

#Cuba: hay #Fidel para rato(I).

Aunque esperada, la elección de Miguel Díaz-Canel Bermúdez a la presidencia de los Consejos de Estado y de Ministros de Cuba es un hecho trascendental.  A 57 años exactamente de la victoria del pueblo cubano en Playa Girón, Cuba experimenta un notable jalón en una transición generacional programada, ordenada e iniciada hace tiempo. Es inevitable recordar hoy aquellos días vertiginosos de lucha incesante, con Fidel en la primera línea, cuando el pueblo armado de la pequeña isla le infligió a Estados Unidos su primera gran derrota militar en América.

Bajo ese signo llega Díaz Canel a la mayor responsabilidad gubernamental de Cuba, un ingeniero electrónico de 57 años nacido y formado después del triunfo revolucionario. Concluidos sus estudios, permaneció tres años en las Fuerzas Armadas Revolucionarias, luego profesor universitario, dirigente provincial y nacional de la Unión de Jóvenes Comunistas y cooperante internacionalista en la Nicaragua Sandinista. Querido por el pueblo en las provincias donde encabezó la organización partidista, era frecuente verlo en bicicleta o en una cola, consumado lector con afición por la buena música y, claro, por los Beatles. Hombre afable, llano y sencillo, de evidente avidez intelectual.

No estará solo. Será apoyado por el primer vicepresidente, Salvador Valdés Mesa, ingeniero, líder obrero y partidista, también con experiencia de gobierno, y otros cinco vicepresidentes: Ramiro Valdés Menéndez, asaltante del Moncada, veterano del Granma y de la columna del Che y experimentado hombre de Estado;  el médico y ministro de salud pública Roberto Tomás Morales Ojeda;  Gladys María Bejarano Ojeda, la prestigiosa Contralora General de la República;  Inés María Chapman, ingeniera y presidenta del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos; y Beatriz Johnson, la más joven del grupo y presidenta de la Asamblea Provincial del Poder Popular en Santiago de Cuba.

Este equipo colegiará sus decisiones con los otros 24 miembros del Consejo de Estado. En conjunto, en él se reúnen tres generaciones que suman un variado cúmulo de experiencias en las trincheras más exigentes de la historia de Cuba en las últimas siete décadas. Todas y todos de probadas convicciones y trayectoria revolucionaria acorde a sus edades. Contarán con la enorme ventaja de disponer de la conducción política y los consejos de Raúl Castro en su responsabilidad de Primer Secretario del Partido y líder de la Revolución. No dudo en afirmar que ellos aseguran la continuidad de esa revolución: la de Céspedes, Martí, Mella, Guiteras, Fidel y Raúl. La continuidad del objetivo de la construcción socialista en Cuba.

Se enfrentan a grandes desafíos pues la actualización del modelo económico ha avanzado sostenidamente pero no se ha consolidado, exige marchar lo antes posible hacia la unificación monetaria, la elevación de la productividad y una creciente autosuficiencia y soberanía alimentarias. Conseguirlo en esta época de auge conservador, xenofobia, belicismo loco y supremacismo imperialista al alza no es fácil.  Muy difícil si le añadimos el terrible daño que hace a la economía nacional el cada vez más recrudecido bloqueo económico, comercial y financiero de Estados Unidos. Al que se suma el aplicado a Venezuela, que inevitablemente golpea a Cuba por carambola.

También es evidente la necesidad, aun en estas adversas condiciones, de llevar a cabo una reforma constitucional a tono con los grandes cambios que ha habido en la sociedad cubana e, igualmente, el perfeccionamiento de los mecanismos y métodos que deben llevar a niveles superiores de participación y perfeccionamiento la singular y autóctona democracia de la isla. Lograr, en síntesis, que se vaya apreciando paulatinamente la concreción de ese socialismo “próspero y sostenible” que se ha fijado el Partido Comunista de Cuba como objetivo.

Ellos continuarán también la política exterior digna, independiente y solidaria que Cuba ha reiterado con ribetes brillantes en la alicaída Cumbre de las Américas. Allí el canciller Bruno Rodríguez Parrilla hizo patente la diplomacia antimperialista y soberana de la isla, al apoyar categóricamente a Venezuela y a su presidente Nicolás Maduro y ripostar muy claro al discurso arrogante y monroísta del vicepresidente Pence, de Estados Unidos. No espere –le dijo- que Cuba ceda un milímetro de sus principios, ni ceje en su empeño de construir el socialismo

No ha muerto la leyend

Mi generación nació en los primeros años posteriores al triunfo de la Revolución de 1959 y una parte de ella, en los meses previos. Cuando los barbudos tomaron Santiago, y luego llegaron en caravana hasta La Habana, la República Popular China contaba apenas con una década de fundada y los estados socialistas de Europa del este no rebasaban los 15 años de vida. La Revolución soviética y su Estado multinacional, en cuyas ciudades y naciones muchos de nosotros estudiaríamos, era la más antigua: 40 años de resistencia frente al capitalismo internacional y al fascismo. Pero, adolescentes al fin, en los 70 creíamos que nuestros padres y sus revoluciones eran viejos (algunas revoluciones lo eran, en efecto, pero no por razones de calendario).

He revisitado en estos días mis fotos de los 80, cuando recién graduados de la Universidad blandíamos con ímpetu la espada juvenil, convencidos de que estábamos destinados a instaurar de una vez y para siempre la verdad, la razón y la justicia revolucionarias, y he sacado cuentas: nuestros padres, entonces, eran más jóvenes que nosotros hoy. Ay de quienes no intentaron transformar el mundo en sus primeros pasos por la vida, incluso con cierta dosis de autosuficiencia, esos nunca fueron jóvenes. Los que al paso de los años y las décadas no cejaron en su intento de transformarlo, sin embargo, no pueden considerarse viejos.

Poco a poco descubrimos que la vanguardia revolucionaria es supratemporal, aunque sea muy de su tiempo; conecta bajo tierra (donde crecen y se extienden las raíces) con las vanguardias anteriores y la integran hombres y mujeres de edades diversas. Si alguna duda persiste, Gómez y Martí, Baliño y Mella, podrían despejarla; pero también, el puente histórico que une a Martí y a Fidel. De no ser así, ¿cómo explicar la necesidad que sienten los revolucionarios latinoamericanos de invocar el hacha, el sable o el machete de sus antepasados? Ellos insisten en ser llamados martianos, sandinistas, zapatistas, bolivarianos, fidelistas. Los héroes del pasado alientan a los nuevos, discuten con ellos como jóvenes apasionados que son. No pueden ser embalsamados, son camaradas de lucha. Todavía recuerdo con emoción el instante mágico en que un millón de jóvenes de todas las edades tributaba al Comandante en Jefe de la segunda mitad del siglo XX la más alucinante despedida que un héroe pueda recibir: «yo soy Fidel», proclamaba su pueblo con el puño en alto, lo que significa decir, «no te dejaremos morir». Fidel le había dicho lo mismo a Martí, en el año de su centenario, pero las épocas son diferentes: el Apóstol había sido abandonado, y Fidel no lo está.

Hay que aprender a identificar a un joven. No se trata, es obvio, de cuán tersa sea su piel o negro el pelo, tampoco sirve preguntar la edad. Esos son datos confusos. Los moncadistas eran, aparentemente, como sus coetáneos, pero mientras ellos asaltaban el Moncada muchos otros bailaban en los carnavales. Hay que desconfiar de quienes insisten en acatar los consensos que la moda, las transnacionales de la comunicación o el cansancio han sembrado. Por otra parte, «lo que los jóvenes piensan» es una frase que admite manipulaciones diversas y un truco muy usado por los viejos para justificar su propia deserción. Los consensos se construyen –esa es tarea de revolucionarios– y en la medida en que responden o no a los intereses reales de las mayorías, de los humildes, se acercarán o no a la verdad. La vanguardia de los jóvenes revolucionarios es intergeneracional. No existe un Partido de los de menos edad (estos tienen intereses tan disímiles como el resto de la sociedad); existe en cambio el Partido de los jóvenes de cualquier edad, el que enarbola el ideal comunista.

Es cierto que cada generación aporta un ángulo de visión diferente y que esa mirada otra descubre aspectos soslayados, sensibilidades no percibidas con anterioridad; pero el eje moral de un revolucionario, no importa el siglo en el que viva, es la justicia, la posible y la que aparenta no serlo. Para ello tratará de que las desigualdades de hoy –las inevitables, las que son o parecen «justas»– sean temporales. No se conformará. Ese es el horizonte, la tierra difusa que se vislumbra en la niebla, hacia la que hay que remar: toda la justicia. Nadie remará si desaparece, si deja de ser invocada. Y es imprescindible el relevo de remadores, que todos nos asumamos como protagonistas de este esfuerzo colosal.

El hecho que motiva estas reflexiones es sencillo: en unos días empezaremos a vivir el año 60 de la Revolución, y nosotros, sus primeros hijos, en el transcurso de este y de los siguientes años, alcanzaremos su edad. La Revolución Cubana ya tiene más años que los que tenían los estados socialistas de Europa cuando desaparecieron. El Estado multinacional soviético no existe más. Hemos sido el referente de otras revoluciones latinoamericanas más recientes, sin que nadie intentara copiar nuestros modos y maneras. Muy cerca de estas costas, al acecho, con las fauces abiertas, están los depredadores del gran Capital. Algunos amigos esgrimen razones para la rendición. Dicen, comprensivos: no podemos exigirle al pueblo cubano más sacrificios. Me pregunto si la entrega de nuestras conquistas es un sacrificio menor, si el capitalismo dependiente que espera en las aguas estancadas del barranco al que nos empujan, no acrecentaría el sufrimiento de las mayorías y les arrebataría la posibilidad de pelear por un futuro mejor. Todas las insuficiencias que los revolucionarios detectan, todas las insatisfacciones, podrán ser resueltas si (y solo si) somos capaces de conservar la Revolución.

Mientras avanza el año 60 –los adolescentes de hoy nos suponen muy viejos, es natural–, conmemoraremos otras efemérides: el aniversario 150, por ejemplo, del inicio de la Guerra de Independencia. Alguna vez Fidel se refirió a que en Cuba solo había habido una Revolución, la iniciada por Céspedes en La Demajagua, lo dijo hace medio siglo, cuando éramos muy jóvenes y no sabíamos que nuestros padres lo eran también. En aquella oportunidad, Fidel afirmó: «nosotros debemos saber, como revolucionarios, que cuando decimos de nuestro deber de defender esta tierra, de defender esta patria, de defender esta Revolución, hemos de pensar que no estamos defendiendo la obra de diez años, hemos de pensar que no estamos defendiendo la revolución de una generación: ¡Hemos de pensar que estamos defendiendo la obra de cien años!». Eso explica también por qué la Revolución Cubana del 59 no se fue a bolina cuando las otras cayeron. Explica el engarce de las generaciones en una guerra que para ser anticolonialista, en el siglo XIX, y antimperialista en el xx, tuvo que ser anticapitalista.

Soy cuatro meses mayor que la Revolución que me educó, y tan joven como ella. Una Revolución que se renueva, valga la redundancia, que se refunda. A pocos días de iniciarse el nuevo año –un final y un comienzo que nos otorgamos para la meditación–, no hallo mejor arenga patriótica que la del joven José Martí: «No ha muerto la leyenda. ¡Indómitos y fuertes, prepáranse sus hijos a repetir sin miedo, para acabar esta vez sin tacha, las hazañas de aquellos hombres bravos y magníficos que se alimentaron con raíces; que del cinto de sus enemigos arrancaron las armas del combate; que con ramas de árboles empezaron una campaña que duró diez años; que domaban por la mañana los caballos en que batallaban por la tarde!».

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