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Fidel y la UNEAC

Tomado del blog: Dialogar, dialogar

Elier Ramírez Cañedo

En momentos en que se celebra el  IX Congreso de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), es imposible no tener presente a Fidel; su vínculo con esta organización fue íntimo, emotivo, intenso y sistemático durante décadas. El 30 de junio de 1961, reunido con escritores y artistas del país en la Biblioteca Nacional, el líder de la Revolución pronunció lo que pasaría a la historia como Palabras a los Intelectuales. No se puede hablar del origen y nacimiento de la UNEAC sin referirse a estas reuniones de junio de 1961. Pero lo cierto es que habrían muchas otras palabras a los intelectuales de Fidel, prácticamente en todos los congresos y reuniones de la UNEAC, y es que Fidel inauguró un método, una práctica de diálogo  con la vanguardia artística e intelectual cubana que trascendió al tiempo y las circunstancias. Ello permitió que se salvaguardara la unidad entre los artistas y escritores cubanos, al tiempo que se potenciaba la democratización de la cultura por todo el cuerpo social de la Isla. Fidel entendió desde el inicio que era imposible una verdadera y perdurable Revolución en Cuba, sino se producía una profunda revolución cultural. Siempre visionario, no solo se preocupó por mejorar las condiciones para que los escritores, artistas e intelectuales pudieran desplegar todas sus potencialidades en un ambiente de amplia libertad de creación, sino por lograr que lo mejor de nuestra cultura llegara al corazón mismo del pueblo. En los momentos más difíciles no dudó en señalar que lo primero que había que salvar era la cultura. Sus ideas hoy siguen convocándonos a poner lo mejor del arte y el pensamiento humanista en función del pueblo y de las causas más nobles de la humanidad.

El pueblo es la meta principal

“El pueblo es la meta principal.  En el pueblo hay que pensar primero que en nosotros mismos.  Y esa es la única actitud que puede definirse como una actitud verdaderamente revolucionaria.

(…)

La Revolución no les puede dar armas a unos contra otros, la Revolución no les debe dar armas a unos contra otros.  Nosotros creemos que los escritores y artistas deben tener todos oportunidad de manifestarse; nosotros creemos que los escritores y artistas, a través de su asociación, deben tener un magazine cultural amplio, al que todos tengan acceso.

¿No les parece que eso sería una cosa justa?

La Revolución puede poner esos recursos, no en manos de un grupo: la Revolución puede y debe poner esos recursos de manera que puedan ser ampliamente utilizados por todos los escritores y artistas.

Ustedes van a constituir pronto la Asociación de Artistas, van a concurrir a un congreso.  (…) y una de las cosas que nosotros proponemos es que la Asociación de Artistas, adonde deben acudir todos con espíritu verdaderamente constructivo…  Porque si alguien piensa que se le quiere eliminar, porque si alguien piensa que se le quiere ahogar, nosotros podemos asegurarle que está absolutamente equivocado.  Por eso debe celebrarse ese congreso con espíritu verdaderamente constructivo, y puede celebrarse.  Y creemos que ustedes son capaces de celebrar en ese espíritu ese congreso. Que se organice una fuerte asociación de artistas y de escritores —y ya era hora—, y que ustedes organizadamente contribuyan con todo su entusiasmo a las tareas que les corresponden en la Revolución.  Y que sea un organismo amplio, de todos los artistas y escritores.

Creemos que esa sería una fórmula para que cuando nos volvamos a reunir —y creemos que debemos volvernos a reunir (APLAUSOS)…  Por lo menos nosotros no debemos privarnos voluntariamente del placer y de la utilidad de estas reuniones, que para nosotros han constituido también un motivo de atención sobre todos estos problemas.  Tenemos que volvernos a reunir.  ¿Qué significa eso?  Pues que tenemos que seguir discutiendo estos problemas.  Es decir, que va a haber algo que debe ser motivo de tranquilidad para todos, y es conocer el interés que tiene el gobierno por los problemas y, al mismo tiempo, la oportunidad esta de discutir en una asamblea amplia todas estas cuestiones.

Nos parece que eso debe ser un motivo de satisfacción para los escritores y para los artistas.  Y con eso nosotros también seguiremos tomando información y adquiriendo mejores conocimientos por nuestra parte.

El Consejo Nacional debe tener también otro órgano de divulgación.  Creo que eso va situando las cosas en su lugar.  Y eso no se puede llamar cultura dirigida ni asfixia al espíritu creador artístico.  ¿A quién que tenga los cinco sentidos y además sea artista de verdad le puede preocupar que esto constituya asfixia al espíritu creador?   La Revolución quiere que los artistas pongan el máximo esfuerzo en favor del pueblo, quiere que pongan el máximo de interés y de esfuerzo en la obra revolucionaria.  Y creemos que es una aspiración justa de la Revolución.

(Del discurso pronunciado por el Comandante en Jefe, Fidel Castro Ruz, como conclusión de las reuniones con artistas y escritores cubanos, efectuadas en la Biblioteca Nacional, los días 16, 23 y 30 de junio)

Semillas de la patria de mañana

“Lo más importante a nuestro entender es el espíritu con que el Congreso se ha llevado adelante.  Para el pueblo era un acontecimiento enteramente nuevo.  Primero con el manifiesto, después con la diaria información, el pueblo ha estado conociendo de que se estaba efectuando este congreso de escritores y artistas cubanos.

Algunos, posiblemente los que todavía no son capaces de ver lo que es la Revolución —y hay que estar bien ciego a estas horas, o irremisiblemente ciego— hayan estado intrigados sobre este congreso, ¿de qué se va a tratar en ese congreso?  No faltarían quienes pensaran que este congreso tenía por fin amordazar el espíritu artístico, que tendría por fin coaccionar a los escritores y artistas.

Hay muchas personas a quienes un insalvable prejuicio les impide penetrar profundamente en las grandes verdades de la Revolución; tienden a tergiversarlo todo, y lo ven a través del cristal de su pesimismo crónico.

Este congreso de escritores y artistas se ha caracterizado precisamente por dos cosas:  por su espíritu fraternal y por su espíritu democrático.

Hay que tener en cuenta, en primer lugar, que los escritores y artistas que se iban a reunir en este congreso, eran los escritores y artistas que, casi al cumplirse tres años de la Revolución, han permanecido en Cuba y no se han marchado de su país (APLAUSOS).  Eran, antes que nada, escritores y artistas que han permanecido en el seno de la patria, que están produciendo y están trabajando en nuestro país.

(…)

A todos nosotros, sin excepción, nos corresponde el papel de enseñar; a todos nosotros, sin excepción, nos corresponde el papel de maestros.  La tarea más importante de todos nosotros es preparar el porvenir; nosotros somos, en esta hora de la patria, el puñado de semillas que se siembra en el surco de la Revolución para hacer el porvenir.

Nosotros tenemos que considerarnos principalmente como eso.  ¿Cuál es nuestra obra?, ¿cuál es la obra de todos nosotros?  La obra de todos nosotros es el porvenir.  Y el porvenir es mucho más importante que el presente, y los frutos de ese porvenir serán mucho más importantes que nosotros (APLAUSOS), lo que nosotros estamos haciendo vale mucho más que nosotros mismos (APLAUSOS).

Con ese espíritu —porque ya hace rato que consciente o inconscientemente estamos actuando así— se ha reunido este congreso.  Y se reunió con profundo espíritu democrático y con verdadero espíritu fraternal, porque la unión que aquí ha prevalecido —unión tan firme y tan honda, tan espontánea y tan sincera entre los escritores y artistas; unión que ha hecho que en vez de “Asociación” el organismo se llame “Unión” (APLAUSOS)— es el producto de ese espíritu de que hablábamos, ese espíritu de entrega a la causa revolucionaria, esa conciencia del valor de la tarea que a cada cual le corresponde, ese renunciamiento de pasiones, ese renunciamiento de egoísmos, de personalismos y de ambiciones.

Esa unión es la mejor prueba, porque ¿habría sido posible en otras circunstancias tan estrecha unión?, ¿se habría podido producir jamás un congreso semejante, una hermandad semejante, una comprensión semejante?  No, para ello era necesario, primero que nada, la gran depuración que la Revolución ha significado en todos los órdenes; y, en segundo lugar, el espíritu generoso y desprendido que la Revolución ha inculcado a los verdaderos patriotas, a los verdaderos creadores, a los verdaderos y dignos ciudadanos de este país (APLAUSOS).

Y es para todos nosotros un motivo de verdadero regocijo, un motivo de verdadero optimismo, el saber cómo se ha desarrollado el congreso y cómo ha concluido el congreso; la impresión que ha quedado en todos nosotros de lo que eso significa para la Revolución y de lo mucho que ha avanzado la conciencia revolucionaria, y la impresión que ha de quedar en ustedes de la importancia tan grande de la misión que les corresponde, la impresión que ha de quedar en ustedes de la oportunidad extraordinaria que se les ofrece para trabajar, de la impresión consciente y clara que ha de quedar en ustedes y la alegría del privilegio que significa ser escritor o ser artista, ser creador, en una hora de creación como esta (APLAUSOS), en esta hora en que todo el pueblo se entrega a la tarea de crear una vida nueva, en que de la sociedad vieja surge una sociedad nueva, en que la historia de nuestro país crea una de sus páginas más hermosas, en que culmina el esfuerzo de generaciones y generaciones de cubanos, en que culminan los sueños de nuestro pueblo, desde que empezó a tener conciencia de sí mismos el privilegio de ser creador en esta hora, en que todo lo creado por el esfuerzo de nuestra nación surge como hermosa realidad, en todos los órdenes; cuando, al fin, somos dueños de nuestros destinos; cuando, al fin, podemos dedicarnos a trabajar como estamos trabajando.

Ese espíritu de unión, ese espíritu de libertad, ese espíritu de responsabilidad, es el que ha prevalecido, y nuestro pueblo recogerá sus frutos.

Nosotros no tenemos que decirles a ustedes lo que han de hacer; de la realidad misma, surgen las tareas que ustedes tienen delante.  Lo evidente es que ustedes cuentan hoy con las condiciones ideales, con las mejores condiciones para trabajar; y la realidad es que el intelectual, el escritor y el artista cobra en esta hora revolucionaria todo su valor y toda su importancia; el valor y la importancia que solo la Revolución podía darles; el valor y la importancia que solo las clases humildes, liberadas, de nuestro pueblo, podían darles; la importancia que jamás habrían podido darles, el valor que jamás habrían podido concederles las clases explotadoras.

Cuando la explotación ha desaparecido en nuestro país como sistema o como base del sistema social, se presenta por primera vez la oportunidad a los escritores y artistas de trabajar no para una minoría explotadora, sino para una mayoría del pueblo, es decir, de trabajar para el pueblo (APLAUSOS).

(…)

Hoy nos reunimos con ustedes, los escritores y los artistas, para finalizar este congreso.  Ustedes también son trabajadores (APLAUSOS), ustedes también tienen que producir, ustedes también tienen que crear riquezas, y ustedes también son acreedores a la infinita felicidad de los que producen, de los que crean.

(…)

Y así están organizados los obreros, las mujeres, los jóvenes, los niños; así está organizado el pueblo, todo el pueblo está organizado, y ahora podemos decir que los artistas y escritores también están organizados (APLAUSOS), y están organizados para trabajar, están organizados para propender a todo lo que contribuya a la creación artística, están organizados para crear, sin que esto signifique que tenga su forma de organización que chocar con alguna otra forma de organización.

La Unión de Escritores y Artistas se forma, fundamentalmente, para los fines de creación, independientemente de la organización sindical, que tiene otros fines:  todo lo que se refiera a los problemas del trabajo.  Hay muchos que no pertenecen a la unión y pertenecen al sindicato.  Y aquí está representado también el esfuerzo de muchos que no pertenecían al sindicato, que no estaban agrupados en el sindicato, y están agrupados en la unión.

(…)

Tenemos que ir a enseñar a los campos, tenemos que ir a enseñar a los campesinos, y, después, sacaremos de los campesinos, de los jóvenes campesinos, lo mejor, lo que más vocación tenga, y entonces en el futuro organizaremos…  (APLAUSOS) Vamos a sacar el coro de los campos.  Recuerden que nosotros somos semillas, que tenemos que sembrarnos para producir una cosecha grande (APLAUSOS).  Y ustedes, los instructores, son semillas que tienen que ir a sembrarse allí, de donde vinieron, para que de cada uno de ustedes surjan incontables artistas (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE:  “¡Cumpliremosl”).  Ustedes tienen que ir a escoger a los niños y a las niñas que irán a la Escuela Nacional de Arte que ya la Revolución está construyendo, y que comenzará a funcionar para el próximo año, a principios del próximo año (APLAUSOS) y que tendrá capacidad para 3 000 jóvenes, algunos de los cuales irán allí a estudiar desde los ocho años y pasarán allí, en la escuela, todo el tiempo necesario recibiendo una educación integral (APLAUSOS).

Nosotros tenemos que sacrificarnos, recuerden que lo más importante es el porvenir, y este pensamiento debemos llevarlo todos con nosotros, todos, los futuros instructores, los actuales escritores, y los actuales artistas, para que en los congresos venideros podamos ver siempre en sus labios la sonrisa de los obreros de ayer (APLAUSOS), la sonrisa de los creadores, en cada congreso.

(…)

Los felicitamos a todos calurosamente; les deseamos que pronto puedan cosechar los frutos del esfuerzo que han hecho; les deseamos que siempre puedan mantener esa ejemplar unión, y que cada día sea más fraternal y más estrecha; les deseamos el mayor éxito como escritores, como artistas, es decir, como creadores, pero sobre todo, como semillas de la patria de mañana (APLAUSOS).

(Del discurso pronunciado por el Comandante en Jefe, en la Clausura del Primer Congreso de Escritores y Artistas, efectuada en el Teatro “Chaplin”, el 22 de agosto de 1961)

Los métodos de Fidel

Tomado del blog: Dialogar, dialogar

Ana Cairo

I.

Estamos en la biblioteca de la Facultad de Artes y Letras. En una pared —presidiendo— está el retrato de la profesora Vicentina Antuña, directora-fundadora de la Escuela de Letras y Arte, que se derivó de la Ley de Reforma Universitaria, proclamada en la Escalinata de la Universidad de La Habana el 10 de enero de 1962.

La Escuela de Letras y Arte se inauguró el 14 de febrero de 1962. En su claustro se integraron profesores de la Facultad de Filosofía y Letras e intelectuales cubanos y extranjeros provenientes de otras instituciones; paulatinamente se incorporaron jóvenes graduados. La Facultad cumplió 55 años en febrero. La institución mantiene un bien ganado prestigio. Sus graduados son profesionales reconocidos en Cuba y en otras naciones.

Pienso que intercambiar opiniones en torno a Palabras a los intelectuales aquí en la Facultad podría asumirse como una forma de oportuna celebración.

Me alegra que en el público se encuentre la profesora Sonia Almazán, porque ella puede testimoniar cómo la Facultad ha participado en numerosas acciones de la vida cultural ya habanera, ya nacional.

La profesora Vicentina Antuña fue la primera jefa de la Dirección General de Cultura del Ministerio de Educación desde los días finales de enero de 1959. Siempre quiso simultanear las responsabilidades con el estricto cumplimiento de su docencia como profesora de latín. También organizó el Consejo Nacional de Cultura como institución autónoma. Al morir se desempeñaba como presidenta de la Comisión Cubana de la UNESCO.

Entre enero de 1959 y 1962, Vicentina participó en los procesos de modernización y rearticulación de las disciplinas e instituciones culturales. En honor a la verdad, una parte del claustro también lo hizo. Basta mencionar a José Antonio Portuondo, Mirta Aguirre, Roberto Fernández Retamar y Graziella Pogolotti. De este modo, algunos de los temas de historia cultural que vamos a tratar en el panel, tuvieron repercusiones en la historia de la facultad.

II.

Quiero recordar a Alfredo Guevara (dirigente de la FEU, graduado de Filosofía y Letras), quien siendo presidente del ICAIC impartía clases de cine en esta Facultad.

En su última década de vida, Alfredo quiso reunirse con jóvenes universitarios. También organizaba en su oficina debates sobre temas culturales y políticos de naturaleza teórica con intelectuales de diferentes edades y profesiones. Aprendí y me divertí muchísimo.

Alfredo decidió multiplicar las experiencias y organizó giras para discutir con jóvenes en diferentes universidades. La pervivencia del proyecto “dialogar- dialogar” es el mejor de los homenajes.

III.

El discurso Palabras a los intelectuales, pronunciado por Fidel Castro en junio de 1961, continúa siendo un texto muy importante. Merece que se siga analizando y discutiendo con beneficio para todos.

Reitero algunas observaciones, explicadas con más detenimiento en otras ocasiones:

Para una cabal comprensión del texto, se requiere que sea mejor contextualizado. Defiendo las ediciones bien anotadas.

Los diversos tipos de  lectores, las prioridades generacionales, necesitan el máximo de informaciones en cuanto a tiempo y a espacio: ¿quiénes participaron en las discusiones?; ¿qué plantearon los oradores?; ¿qué tòpicos se esclarecieron?; ¿cuáles fueron los temas de mayor repercusión?

Creo que la edición anotada debería incluir una relatoría: ¿qué se discutió en cada una de las tres jornadas?; ¿quiénes hablaron?; un resumen de lo que dijeron. Elier Ramírez (compilador) preparó Un texto absolutamente vigente. A 55 años de “Palabras a los intelectuales” (Ediciones UNIÓN, La Habana, 2016). Allí,  republicó “Cuando se abrieron las ventanas de la imaginación”, de Lisandro Otero, elaborado a partir de sus notas.

IV.

Insisto en que todos deberíamos continuar las búsquedas en agendas, libretas de notas, cartas, etc.

Si se publicó en la revista Encuentro de España una versión de lo debatido el primer sábado en torno al esclarecimiento de lo ocurrido con el documental de Saba Cabrera Infante, estoy convencida de que existen las versiones de las otras dos sesiones. Hay que perseverar.

V.

Mi insistencia en la exhaustividad de los contextos se debe a que son imprescindibles para entender la originalidad de los métodos de Fidel.

Fidel es un genio político latinoamericano, un líder mundial del siglo XX. Predominará la admiración por sus métodos. Justamente desde esa perspectiva quiero comentar Palabras a los intelectuales.

VI.

Fidel tuvo una formación básica como joven político en la Facultad de Derecho. Aprendió muy rápido.

Sugiero la lectura de la versión de su discurso el 27 de noviembre de 1946, en el mausoleo de los ocho estudiantes de medicina en el cementerio de Colón. Se aprecia a un orador hábil que enlaza la conmemoración histórica con dos temas de actualidad para un público de jóvenes: los atropellos de que están siendo víctimas otros estudiantes y la escandalosa corrupción de José Manuel Alemán, ministro de Educación.

El presidente estadounidense Franklin Delano Roosevelt promovió el uso de la oratoria y el periodismo radial. Esa modernización se generalizó en Cuba con celeridad. Fidel, como la mayoría de los dirigentes estudiantiles de los 40 y 50, conocía muy bien los usos políticos de los espacios radiales.

Por razones similares, ya graduado de abogado y matriculado en una segunda carrera,  se entrenó en el periodismo de investigación.

Disfrutaba practicando la cultura de los debates. Se concentraba totalmente; aprendía de los argumentos de otros participantes y los reutilizaba para lograr pactos y consensos.

VII.

Entre las creencias generalizadas de 1959 estaba que Fidel casi no dormía, porque vivía participando en infinitas reuniones.

En febrero del 59, se hizo famosa la audacia con que Fidel logró convencer a los trabajadores azucareros de que no se fueran a una huelga. Durante horas, en el teatro de la CTC, escuchó pacientemente las demandas de todos los que pidieron la palabra y después estructuró respuestas convincentes ya temáticamente agrupadas. Cuando terminó la plenaria azucarera, los obreros salieron a defender un proyecto político y social  de inmediata ejecución revolucionaria, donde ellos eran los protagonistas.

VIII.

Desde mayo de 1959, cuando inauguró el curso académico, Fidel visitaba con frecuencia la plaza Cadenas de la Universidad de La Habana. Allí entrenaba sus habilidades para construir políticas. También se actualizaba y se divertía.

Para los que hemos envejecido en la Universidad, Fidel era un miembro de nuestra comunidad. Se aparecía en la Plaza Cadenas con los temas sobre los que quería oír criterios. También, los estudiantes aprovechaban y colocaban los suyos en los intercambios.

Los profesores de la Escuela de Letras siempre consideraron prioritario que los jóvenes aprendieran cómo se hacía la política real. En minutos, circulaba la noticia de que Fidel estaba en la Plaza Cadenas. Se interrumpían las clases y los jóvenes se iban corriendo a participar. Entre 1968 y 1975 presencié discusiones acaloradas, en las que primaba el máximo respeto.

IX.

Antonio Núñez Jiménez escribió En marcha con Fidel, cuatro tomos (1959, 1960, 1961, 1962). Como buen científico y cronista, estructura los relatos de forma amena y variada. Diseña un eje principal: la decodificación de los métodos de un intelectual con las más insólitas aspiraciones de nuevos conocimientos.

Sugiero la lectura de las escenas sobre los encuentros de Fidel con los campesinos serranos; y las de las exploraciones científicas de territorios; después, en las tertulias entre ellos, discuten alternativas de desarrollo local.

Recomiendo los capítulos sobre cómo se implementó la primera Ley de Reforma Agraria;  las  intensas discusiones  con todos los jefes de zonas agrarias.

X.

El éxito de Fidel en las tres reuniones de junio de 1961 con sus colegas intelectuales se deriva de un método ya perfeccionado de hacer política.

En su discurso, respondió a todas las preguntas e inquietudes. En  Palabras a los intelectuales cada párrafo remite a intertextos. Precisamente, no puede entenderse a cabalidad si no se conoce lo dicho en las tres sesiones.
XI.

Revisando los periódicos entre mayo y agosto de 1961, comprendí que originalmente el congreso fundacional de la UNEAC se iba a efectuar en junio. Y hasta el día antes, la prensa así lo anunciaba.

Probablemente,  se tornó álgida la querella acerca del documental de Saba Cabrera Infante; había un riesgo de que las pasiones se desbordaran. En dicha coyuntura, lo más urgente era el esclarecimiento total del episodio en una asamblea pública de los intelectuales. Se llamaba a testimoniar a todos los implicados.

Como salieron nuevos tópicos, se organizó una segunda sesión. Y como volvieron a aparecer inquietudes, se realizó la tercera y última; pero, si hubiera sido necesaria, se habría convocado a una cuarta.

Las tres jornadas intensas estuvieron cada una separadas por una semana. Debe sumársele el gran impacto del excelente discurso. En resumen, durante todo el mes de junio y las primeras semanas de julio, para dar un rápido cumplimiento a los acuerdos de las tres discusiones, se reconfiguró el sistema de instituciones culturales; se reordenaron tendencias y grupos; se aliviaron tensiones; se pactaron formas de tregua.

Con tiempo para planificar bien el éxito y discretamente se podría reorientar el congreso hacia nuevos objetivos.

XII.

Por cierto, en la semana entre la primera y la segunda sesión, los críticos de cine se reunieron en la Casa de las Américas y volvieron a ver el documental de Saba Cabrera Infante. Ellos ratificaron su opinión de que en ese momento no debía exhibirse en los circuitos de cine.

No se trataba de una persecución, ni de un problema personal. Se trataba de la percepción colectiva de un grupo de expertos (que hacían dicha labor cotidianamente para cumplir con la política de autorizar o no la exhibición de un material cinematográfico cubano o extranjero). Habría que decir que en todas las naciones capitalistas y comunistas era una práctica política.

XIII.

No debería olvidarse que la Biblioteca Nacional entonces era uno de los más concurridos centros culturales habaneros. Hacer una asamblea en un teatro, donde continuamente estaban entrando y saliendo personas, era resaltar su naturaleza pública y sectorial. No había secretos. (Al igual que en febrero de 1959, lo más natural había sido que la discusión con los obreros azucareros hubiera transcurrido en el teatro de la CTC).

XIV.

A mediados de julio, los organizadores del congreso hicieron pública la noticia de que la nueva fecha sería en agosto (justo en los días en que se conmemoraba el asesinato de Federico García Lorca). Por alusión se redefinía el evento hacia la amplificación de la solidaridad y de la herencia revolucionaria internacional.

En 1959, se había privilegiado la Revolución Mexicana. El expresidente general Lázaro Cárdenas, invitado de honor a los actos del 26 julio en la Plaza Cívica, vino con decenas de intelectuales. Los aportes culturales de la Revolución Mexicana tuvieron un amplio realce.

En 1960, continuó el motivo de la Revolución Mexicana (era el cincuentenario) y se recordó lo ocurrido en Guatemala (1954). Jacobo Arbenz fue el invitado de honor a los actos del 26 de julio en el Caney de las Mercedes, Sierra Maestra.

El congreso fundacional de la UNEAC (agosto de 1961) enfatizó la solidaridad antifascista con el republicanismo español. Se alababa la praxis  de la intelectualidad cubana, que heredaba y actualizaba el gran evento  internacional de julio de 1937,  con sesiones en Valencia, Madrid, Barcelona y París.

Nicolás Guillén y Alejo Carpentier estaban entre los organizadores del congreso. Félix Pita colaboraba. Juan Marinello mantenía su protagonismo (aunque no aparecía en público porque estaba operado de la vista). Leonardo Fernández Sánchez cumplía funciones importantes en el Ministerio de Relaciones Exteriores. En resumen, los cinco cubanos que habían sido delegados en Valencia continuaban haciendo su tarea solidaria.

El argentino Ezequiel Martínez Estrada, quien trabajaba en la Casa de las Américas, fue uno de los latinoamericanos invitados al congreso.

XV.

Palabras a los intelectuales, como documento de política cultural unitaria, se aplicó en las sesiones y los acuerdos del congreso fundacional de agosto de 1961, en la búsqueda de un equilibrio de tendencias en la membresía del  comité nacional, en la de las vicepresidencias y la secretaría, en las publicaciones, en los concursos.

XVI.

Las contradicciones epocales no pueden subestimarse. Desde la fundación de la Tercera Internacional Comunista (1919) se implantó el prejuicio erróneo de que los políticos no eran intelectuales.

El propio título del famoso discurso de Fidel marca una falsa otredad, que se mantuvo como imaginario hasta la primera década del siglo XXI.   Guillén y Che Guevara eran amigos. El primero le pidió al segundo que cediera a la UNEAC los derechos para realizar la primera edición de Pasajes de la guerra revolucionaria. Che aceptó, pero rechazó la invitación de pertenecer a la asociación.

XVII.

Me parece que ya es hora de privilegiar otros discursos de Fidel en particular sobre los temas culturales y sus interacciones con los miembros de la UNEAC a partir del congreso celebrado el 28 de enero de 1988, cuando Abel Prieto fue elegido presidente de la UNEAC.

La participación de Fidel en los plenos del comité nacional y en los congresos  de la UNEAC es tan importante como su presencia en la Universidad de la Habana entre 1959 y 1975.

Creo que debería estudiarse la originalidad de su pensamiento en el discurso del 20 noviembre de 1993 (por azar concurrente lezamiano, día del natalicio de Félix Varela), del cual solo se cita la frase de que lo primero que hay que salvar es la cultura.

Pienso que los métodos de Fidel para hacer política cultural tuvieron un desarrollo sorprendente durante el llamado “período especial”. Asombra su creatividad. Demostró una gran disciplina y tenacidad para actualizarse.

XVIII.

Conozco investigadores extranjeros que se están dedicando a profundizar en el llamado “período especial”. Reconozco que estoy fascinada con el proyecto de analizar la última década del siglo XX y la primera del XXI en cuanto a problemáticas culturales. Es muy diferente haberlo vivido que estudiarlo.

XIX.

Los métodos de Fidel se renovaron en el llamado “período especial”. Me parece que dicha investigación debería privilegiarse. Quizás sería oportuno dedicar algún espacio de “Dialogar-dialogar” a ese objetivo.

Muchas gracias por invitarme al panel.

SILVIO RODRÍGUEZ: “CUANDO ESCRIBÍ ‘EL NECIO’ ESTABA PENSANDO EN FIDEL”. (VÍDEO DE LA CANCIÓN)

Tomado del Bolg: El Ciervo Herido

Hace una década, en medio de una entrevista con Radio Nacional de Venezuela, Silvio Rodríguez contó la historia tras “El necio”, una canción publicada en 1992, en un disco titulado simplemente Silvio, donde el trovador evoca al líder de la Revolución cubana, a quien llamó “un maestro del humanismo”.

“Cuando escribí ‘El necio’, estaba pensando en Fidel y, hasta cierto punto, en mí”, comienza el relato de Silvio Rodríguez.

“Lo que me llevó a escribir —dijo el músico— fue el ambiente ideológico de fines de los 80, principios de los 90, el derrumbe del campo socialista. Ya estaba la glásnost en la Unión Soviética y se veía que aquello apuntaba hacia algo catastrófico. Hubo varios periodistas en La Habana que me preguntaban por qué no me pronunciaba al respecto. Y yo pensaba, sigo pensando y siempre pensé igual, que no tengo tampoco por qué pronunciarme acerca de cada cosa que sucede. Ese no es mi oficio, no es mi trabajo. A veces no tengo nada que decir, o se está produciendo todavía un proceso de acumulación necesario para que en algún momento se convierta en expresión y brote. Mientras tanto, no puedo hacer nada, ni forzar las cosas, porque no me sale una buena canción”.

Según el trovador cubano, “es mejor quedarse con la boca cerrada a hablar boberías. Y en el caso de la canción, es más imperdonable todavía, porque, ¿cómo tú vas a hacer trascender algo que no vale la pena?”.

Entonces ocurrió un hecho que empujó la canción. Cuando el autor de “Playa Girón” iba en tránsito desde Miami hacia Puerto Rico, le quebraron su instrumento.

“Me rompieron una guitarra. Fueron cubanos que trabajaban en el aeropuerto quienes le saltaron encima —contó el músico—. Culpa mía creo yo, porque tenía una pegatina de Fidel y una bandera cubana, y no me dio la gana de quitarlas. Digamos que me lo busqué. Cuando llegué a Puerto Rico, escuché en la radio un programa desde Miami donde decían que la contrarrevolución estaba muy decaída porque habían pasado los revolucionarios ‘fulano’ y ‘mengano’, entre ellos yo, por Miami y en otra época nos hubieran arrastrado, hubieran limpiado las calles con nosotros”.

“Yo tenía noticias de que a veces había manifestaciones de agresividad, lo había leído, me lo habían contado; pero en mis huesos, en mi carne, nunca había sufrido una amenaza pública de esa envergadura —dijo Silvio—. ¿Cómo puede uno provocar tanto odio en canciones que ni una sola habla del odio?”.

“Eso me marcó”, apuntó el músico.

“No logró cuajar en aquel momento y fue como una asignatura pendiente. Y parece que por esos artilugios de la mente humana, el derrumbe de la Unión Soviética y lo que se avecinaba, más lo de Miami, se unió y creó la química necesaria para hacer ‘El necio’”, agregó.

Maestro del humanismo

El más importante de los exponentes de la Nueva Trova Cubana escribió un breve apunte en su blog, hace dos años, luego de enterarse de la muerte de Fidel Castro, a quien calificó como “uno de los seres humanos más extraordinarios de todos los tiempos”.

“Desde que yo era niño lo vi como a un maestro del humanismo. Todavía lo veo de esa forma”, había dicho el músico. “Gloria eterna para Fidel”.

#FidelPorSiempre

Tomado del blog: Cuba Izquierda

por: István Ojeda Bello

Eran las 10:45 pm del viernes 25 de noviembre del 2016 y el cuerpo, añoso y desgastado por la lucha constante que fue la existencia de Fidel Castro, libró su última batalla. Más de una vez le escuchamos decir de su propia sorpresa ante cada cumpleaños, porque nunca fue hombre que pensara en la posibilidad de vivir demasiado, de llegar a viejo.

Cuentan que una gitana leyó su mano y le auguró un fallecimiento joven. Y claro, entre premoniciones de mocedad y tanto intento de asesinato desde el Imperio, era fácil pensar que podía ser mañana o al doblar de la próxima esquina entre los ardores del trabajo y las exigencias de las épocas. De seguro a sabiendas de que un torrente de emociones recorrería con la noticia cada escondrijo cubano. No era para menos.

Han pasado dos años y tenemos plena conciencia del peso de su adiós. Los días primero impusieron el ritmo lúgubre de la despedida, entrelazado con el orgullo terco de la presencia. Una mezcla tan rara de sensaciones que hacía abrazarse a los extraños y sacaba lágrimas ante una foto, lo mismo a adolescentes habitualmente ensimismados en sus celulares que a los más añejos, esos que le vieron triunfar en la Sierra Maestra, en la Crisis de Octubre, en la guerra de Angola.

Pero el tiempo, el implacable, ayuda a canalizar el dolor. Ahora nos atrevemos a contarlo mientras recordamos al armón militar portando la urna de cedro que recorrió parte de Cuba. Y él, que fue un optimista, parece reinventarse entre la gente y encontrar nuevas maneras para volverse presente, viril, endemoniadamente necesario.

También fue Fidel un revolucionario cabal. Y no solo en el sentido del hombre, el fusil, la obra de la vida a lo que muchos circunscriben la esencia de una revolución. Fue un revolucionario cabal desde la perspectiva del que asume la transformación, la capacidad de reinventarse, de ajustarse a los tiempos, como clave del desarrollo humano. Por eso, llegó temprano a Internet, agarró sus resortes y se dispuso, desde ahí, a hacer Patria. Su figura y trayectoria sigue siendo, en los espacios digitales motivo de agudas controversias políticas y bandera de las causas justas

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Esta es el arma que necesitamos en los nuevos tiempos que vendrán, dijo en una ocasión durante un congreso de periodistas; en otra confirmación de su admirable capacidad para intuir los caminos de la historia que una vez más le han dado la razón, porque desde las redes sociales él sigue siendo un referente. Y resulta raro el día en que cierta etiqueta no sobrevuele el ciberespacio:

#FidelPorSiempre

(Escrito conjuntamente con Esther De la Cruz)

Quien sacude las constelaciones

No conocí a Fidel. Al menos no en el sentido literal que damos a la palabra conocer, y que implica un relativo grado de cercanía física, de estar ahí para calcular la altura, identificar la intensidad de la voz, saber el color exacto de los ojos…

No estuve en una cobertura a su lado, jamás me entregó un diploma, ni siquiera lo entreví en medio de una multitud. Y, sin embargo, estuvo ahí para mí.

Nací en el año 1990,  cuando aún no habían pasado de moda los nombres con «y», y los mayores empezaban a descubrir  y poner en práctica miles de alternativas para que sus niños no sintieran los rigores del periodo especial.

En aquella época convulsa, donde faltaban muchas cosas pero sobraban tantas otras de las que no pueden palparse, aprendí de mis padres que la felicidad no depende del tener y que la honestidad no es un valor circunstancial; por medio de ellos dos, también descubrí de a poco que la resistencia, el orgullo y la dignidad no eran patrimonio familiar, sino de todo el país.

Y, sin poder determinar el momento exacto, supe que Fidel  –así, sin apellidos–  estaba en la misma oración que Cuba, antimperialismo, Patria y Martí.

Creé una imagen casi mítica: el Comandante en Jefe que no se cansaba, que podía hablar por horas para dar fuerza a un pueblo cercado por  las ansias capitalistas de implantar su «lógica» allá donde una luz diferente brille. El héroe de los libros de historia en la escuela, el profeta del futuro, el capaz de idear una solución ante cada desafío nuevo, el que sabía hacer de las utopías, realidades.

Mi infancia y adolescencia tuvieron computadoras en las aulas a las que entrábamos como a un santuario, merienda escolar, tribunas abiertas, y entré a relacionarme con la política por el camino de entender la historia del país en que vivía y por un concepto que impide parar de soñar, y sentarse en la silla al borde del camino: la justicia.

Leer al líder que solo había visto por televisión me ayudó en ese crecimiento: Fidel y la religión, Un grano de maíz, La historia me absolverá, Un encuentro con Fidel… y aquellas Cien horas con Fidel que disfruté tabloide a tabloide en las tardes de la beca, fueron esenciales para entender que él era mucho más de lo que yo había supuesto.

Porque era un hombre que tuvo hambre, fatiga, sed, ojeras; que de seguro alguna mañana se desalentó y sufrió; que vivió el fracaso y la traición, pero supo poner por encima el amor a los suyos y ensanchar el concepto de prójimo al de todos los pobres de nuestra (la) tierra y con ellos echar la suerte.

Eso es lo que lo hace irrepetible, aunque imitable: su mortalidad. Los ídolos de mármol no mueven montañas; los de ideas sacuden las constelaciones.

Desde la adultez, me acompaña un Fidel analítico; interesado en el diálogo, y radical con los discursos huecos y las medias tintas; convencido de que la realidad puede suponer decisiones difíciles, mas nunca renunciar a los principios que han sido faro para «atemperarse a los tiempos nuevos».

Poner primero a Cuba antes que todas las pequeñeces individuales, no renunciar a las rebeldías con causa, no avergonzarse de ser comunistas, huir de las mediocridades, reconocer los errores y aprender de ellos, estudiar y trabajar por el proyecto colectivo, son legados fidelistas que asumo como fe de vida.

No lo conocí, pero lo hice en la dimensión que nos acerca a quienes determinan nuestra espiritualidad y tejen con sus ideales el mapa de las creencias propias, las que nos echan a andar. Con ese Fidel me quedo, ese Fidel elijo ser.

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