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La Marcha LGBT «independiente» u otra herida a cicatrizar

Tomado del Blog Paquito de Cuba

Es muy probable que estas líneas no satisfagan a ninguna de las partes involucradas en lo que sucedió este sábado 11 de mayo en la llamada marcha LGBTI “independiente” desde el Parque Central hasta el Malecón habanero, pero siento la obligación de comentar y ampliar algunas de las consideraciones que ya hice en las redes sociales, sean cuales sean los riesgos que ello implique.

Como ya expresé, lamento los sucesos ocurridos al casi finalizar la caminata por el Prado capitalino de alrededor de unas 200 personas, a quienes a pesar de no tener la autorización correspondiente, las autoridades policiales y del Ministerio del Interior acompañaron y custodiaron por las varias cuadras de ese extenso paseo.

Fue la agencia Efe la que reportó que dentro de ese grupo había quienes al parecer tenían la intención de provocar un incidente, y no acataron las indicaciones de la Policía, para poder lograr ante las cámaras el espectáculo que se habían propuesto. Ello nos vuelve a enseñar que las personas LGBTI debemos estar muy claras para que no nos manipulen ni utilicen con fines políticos en contra no solo de la Revolución, sino de nuestros propios derechos y conquistas.

Todo indica que la apuesta de algunas conocidas figuras de la llamada disidencia, que nunca se preocuparon ni ocuparon con propuestas ni mensajes constructivos por nuestros derechos como personas LGBTI, era por enrarecer aún más el ambiente durante esta duodécima edición de las Jornadas Cubanas contra la Homofobia y la Transfobia, y es evidente que en parte lo lograron.

Contrasta, sin embargo, como la concurrida Fiesta por la Diversidad con varios cientos de asistentes, donde estuvimos hasta casi la medianoche la mayoría de la comunidad LGBTI y sus activistas más sistemáticos –incluyendo a participantes de la ilegal marcha -, no mereció la misma atención mediática.

Pero mis dudas sobre esta manifestación empezaron desde mucho antes, y las compartí con varias personas que estaban al tanto de sus detalles, sin recibir una respuesta convincente.

¿Por qué convocarla para el Parque Central, en La Habana Vieja, y no en algunos de los escenarios del Vedado donde durante once años ha acontecido la Conga contra la Homofobia y la Transfobia, cuya cancelación este año fue la presunta causa del llamado a realizarla? ¿Qué grupos son los que habitualmente han usado esta zona del Parque Central y el Capitolio Nacional para intentar alguna pálida protesta antigubernamental?

El llamado a la marcha fijaba lugar y hora de inicio, pero nunca se dijo con claridad cuál sería el recorrido ni hasta dónde llegarían los posibles participantes. ¿No existía esa definición o la intención no era ir a ningún lugar, sino llegar a un determinado estado de crispación masiva?

Si el propósito era mostrar la inconformidad ante las autoridades ¿por qué no fueron a gritar “Queremos la conga”, por ejemplo, en la Gala del viernes 10 en el Teatro Karl Marx, donde estuvieron nada más y nada menos que el secretario del Consejo de Estado, los ministros de Salud Pública y de Justicia, el Presidente del Tribunal Supremo Popular y la Fiscal General de la República, entre otros dirigentes del país?

Muchas críticas han generado la afirmación de la directora del Centro Nacional de Educación Sexual de que detrás de la organización de esta marcha había grupos de personas que residen en Miami.

A mí en lo personal no me consta cuál fue el origen de esta idea, pero sí puedo atestiguar el ardiente entusiasmo y la amplia promoción que realizaron en las redes sociales, incluyendo mi muro en Facebook, sujetos que ya no viven en Cuba y de modo sistemático dedican abundante tiempo y esfuerzos –casi increíbles para quienes supongo tienen otras ocupaciones cotidianas mucho más absorbentes e impostergables que les impone el capitalismo-, solo a criticar cualquier acción o reacción del Cenesex, sus especialistas y redes de activismo.

También puedo dar fe —porque les saludé con sincero afecto y hasta me hice fotos con ellas— de más de una persona conocida y con formación como activista en las redes comunitarias vinculadas al Cenesex que viven en los Estados Unidos y viajaron expresamente a La Habana para estar en las Jornadas, y muy particularmente en esta marcha que no tenía permiso oficial.

Soy consciente del mal sabor que nos deja hablar de todo esto. Créanme que a mí me duele un mundo hacerlo. Entre otros motivos porque casi con toda certeza es muy probable que también yo esté cometiendo alguna injusticia con mis apreciaciones quizás subjetivas y parciales, aunque sean sobre la base de los elementos reales y objetivos que estuvieron a mi alcance.

De hecho, un colega y amigo cuyo criterio aprecio muchísimo y que por años ha sido partícipe de mis empeños en el activismo y como bloguero en estos temas, me ha alertado con sincera preocupación sobre los riesgos que corre mi “credibilidad como comunicador y activista”, por esta toma de postura hasta cierto punto tan inusual en mí, que siempre prefiero los equilibrios y la benevolencia a la hora de evaluar las conductas humanas.

Pero me niego a hacer cualquier tipo de cálculo personal ante esta situación tan penosa, donde a quienes somos las principales víctimas, nos quieren hacer pasar ahora por victimarios. Lo que sea, será; aunque ello implique cualquier descalabro individual que poca o ninguna relevancia tiene.

Lo menos importante ahora es uno mismo, sino que cada cual diga su verdad, para que entre tanta mierda renazca la esperanza en una causa que, más tarde o más temprano, les tocará seguirla cultivando y llevando adelante a otras personas que lo harán con toda seguridad mejor que quienes lo hicimos hasta este punto.

A las personas que de buena fe y con legítima inconformidad participaron en la caminata, les doy las gracias de todo corazón. Hicieron lo que pensaron correspondía hacer por una causa justa, como yo también he hecho otras muchas veces, no sin cometer equivocaciones y sufrir las consecuencias. Nunca le cuestionaría sus intenciones a esa posible mayoría de asistentes que estoy convencido no premeditó ni pudo suponer la provocación en que finalmente terminó envuelta.

Y digo más. Si no fuera por mi estrecho e incondicional compromiso con el Comité Organizador de estas Jornadas —el cual reúne a tantas personas valiosas que le han puesto toda su pasión y mente a esta obra colectiva, incluyendo un dolor indecible cuando no hemos conseguido hacer algo como creemos que nuestra gente quiere, espera y merece—, y la mayor información que pude tener sobre la evolución y posibles consecuencias de este acontecimiento, quizás yo habría estado en esa misma frágil posición, con mi bandera arcoíris por el Prado.

La negativa repercusión de estos hechos demostró, sin embargo, que la marcha no fue un éxito como dicen quienes defienden más sus agendas antigubernamentales que nuestros derechos como personas LGBTI, sino un grave error que podríamos llegar a pagar con un costo muy alto de desuniones, extremismos y retrocesos en futuros procesos de diálogo, sino somos capaces de analizar críticamente lo acontecido y extraer así lecciones para superarlo.

Para mi Partido y el Gobierno, considero que también el mensaje ha sido muy claro.

Lo adelanté en mi texto anterior cuando trataba de explicar cómo fue la propia Revolución la que nos empoderó e hizo conscientes de nuestros derechos en esta más de una década de estrategia educativa y lucha política contra la discriminación por orientación sexual e identidad de género, al facilitarnos la creación de espacios para nuestra realización íntima y colectiva —como esa emblemática Conga que este año fue suspendida—, a los cuales ya no podemos ni queremos renunciar, aunque ello implique defenderlos de cualquier amenaza, con la inteligencia y el valor de que siempre hemos sido capaces en Cuba a lo largo de toda nuestra historia.

A todas las partes, pues, involucradas en lo acontecido en el Paseo del Prado, aunque no les satisfaga total o parcialmente estas duras palabras que aquí he escrito, les reitero que no nos queda de otra entonces que intentar exorcizarnos de nuestros propios demonios, inquinas, prejuicios y rencores, y comenzar otra vez a echar hacia adelante, para cicatrizar esta herida temporal y continuar con la construcción de esa sociedad más justa, progresista e inclusiva, a la cual aspira la inmensa mayoría de nuestro pueblo.

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¿Qué pasó con el matrimonio en el proyecto de Constitución?

Tomado del blog Paquito de Cuba

Después de mi primera reacción personal de sorpresa, algo de desconcierto y hasta cierta contrariedad, vale la pena intentar un distanciamiento desapasionado para analizar la solución que acaba de trascender sobre la definición del matrimonio en el proyecto de Constitución que en los próximos días deberá analizar y aprobar el Parlamento.

Lo primero que me vino a la mente es que la nueva propuesta sería más bien “un paso al lado”. Ni tan hacia atrás como dirán las personas más críticas, ni tan adelante cómo ya lo acariciábamos desde el activismo por los derechos de las personas lesbianas, gais, bisexuales, trans e intersexuales (LGBTI).

La próxima Constitución definitivamente no dirá de modo taxativo y discriminatorio que el matrimonio es la unión entre un hombre y una mujer como la vigente carta magna, y esto ya de por sí es un enorme paso de avance. Un triunfo que nadie nos puede escamotear ni disminuir, con una gran significación simbólica y práctica. Una puerta abierta hacia ese futuro matrimonio igualitario que queremos conseguir.

Pero tampoco nuestra Ley de leyes definirá al matrimonio como la unión entre dos personas, como recogía la versión que discutimos en la consulta popular y que resultaba un concepto muy revolucionario. En relación con esa primera intención, retrocedimos. No logramos el consenso para mantener ese planteo.

En palabras del secretario del Consejo de Estado ante diputadas y diputados, la decisión fue diferir el concepto de matrimonio de la Constitución. O sea, la Constitución no va a definir qué sujetos integran el matrimonio, y la ley definirá posteriormente cómo se constituirá el matrimonio.

Tratemos de evaluar con imparcialidad los hechos. El artículo 68 del proyecto constitucional que discutimos fue el que más polémica generó de todo el texto, con 192 mil 408 planteamientos, el 24.57% del total, y el único que alcanzo una cantidad de seis dígitos. El matrimonio fue objeto de debate en 88 mil 066 asambleas, el 66% de las que acontecieron.

Es cierto que no todas las opiniones fueron en contra, ni tampoco hubo manera de registrar quiénes estaban a favor. Pero más allá de eso, la consulta fue un éxito, al permitir por primera vez abordar en una discusión nacional los derechos de las personas LGBTI, exorcizar los viejos demonios de la homofobia e identificar los prejuicios que aún subsisten con mucha fuerza.

Las personas LGBTI, sin embargo, también necesitamos que la nueva Constitución reciba el respaldo de la inmensa mayoría de nuestro pueblo. Seríamos demasiado egoístas quizás si pretendiéramos anteponer nuestros derechos a otros muchos aspectos positivos de este proyecto.

Si resulta posible desplazar el diferendo hacia la discusión de la ley, y garantizar mayor unidad en el voto del referendo constitucional, con una salida que nos permite avanzar, pues yo estoy de acuerdo.

El único y mayor riesgo en tal sentido sería que si por tratar de quedar bien con todo el mundo, ninguna de las dos posturas básicas, a favor o en contra del matrimonio igualitario, sintiera sus reclamos satisfechos, pues también podría haber un perjuicio en el momento de acudir a las urnas. Esperemos que no sea así.

Porque en tal sentido, mucho podemos hacer a partir del actual artículo 82 que consagra al matrimonio como una institución social y jurídica, y una de las formas de organización de la familia, no la única, que además utiliza el término neutro de cónyuges, donde también cabemos todas las personas.

Pero hay más. El nuevo concepto de matrimonio está ahora en un capítulo totalmente nuevo que aborda a las familias en plural, que reconoce sus más diversas formas, incluyendo las nuestras.

También incorpora en otro de sus artículos el derecho de las personas a fundar una familia, en sus diferentes tipos, y mediante otras formas que no necesariamente son el matrimonio, cuando precisa que las familias se constituyen por vínculos jurídicos o de hecho. O sea, habría un reconocimiento también a las uniones consensuales en esta nueva Constitución, y eso deberá incluir tanto a las parejas heterosexuales como a las homosexuales.

Pero incluso lo que más preocupación nos podría generar, la disposición transitoria que dispondrá, en el plazo de dos años de vigencia de la Constitución, iniciar el proceso de consulta popular y referendo del proyecto del Código de familia, en el que debe figurar la forma de constituir el matrimonio, hay que verla también como una oportunidad para el activismo en un plazo inmediato.

Será esa concepción, estudio y discusión de la ley otro proceso que nos permitirá mantener el tema de los derechos de las personas LGBTI en el centro del debate ciudadano, y continuar en la conquista de espacios de comunicación social que nos permitan afianzar el respeto a la diversidad sexual como un valor definitivo de nuestra sociedad socialista.

No va a ser fácil, por supuesto. Las mismas fuerzas retrógradas que nos atacaron en esta ocasión lo harán otra vez, quizás incluso con más fuerza y organización. Pero el activismo también aprendió la lección —y esperamos que también el Partido y el Estado—, por lo que tendremos ocasión de impulsar todavía más los liderazgos políticos en este terreno.

Por último y no menos importante. ¿Recuerdan el artículo 40 del proyecto? Pues ahora será el 42 y mantiene dentro del principio de igualdad la obligación de no discriminar por orientación sexual e identidad de género, entre otros motivos.

De modo que el Código de Familia resultante de esa otra consulta popular y su respectivo referendo no podría, bajo ningún concepto, violar ese precepto. De lo contrario, y ojalá no haya que llegar a eso, podríamos invocar y exigir el cumplimiento de nuestros derechos constitucionales.

Así que no hay marcha atrás posible, y sí mucho trabajo por delante.

Artículo 82:

El matrimonio es una institución social y jurídica. Es una de las formas de organización de las familias. Se funda en el libre consentimiento y en la igualdad de derechos, obligaciones y capacidad legal de los cónyuges.

La ley determina la forma en que se constituye y sus efectos.

Se reconoce, además, la unión estable y singular con aptitud legal, que forme de hecho un proyecto de vida en común, que bajo las condiciones y circunstancias que señale la ley, genera los derechos y obligaciones que esta disponga.

Disposición transitoria decimoprimera: atendiendo a los resultados de la consulta popular realizada, la Asamblea Nacional del Poder Popular dispondrá, en el plazo de dos años de vigencia de la Constitución, iniciar el proceso de consulta popular y referendo del proyecto del Código de Familia, en el que debe figurar la forma de constituir el matrimonio.

Ocho años después o Medios y diversidad sexual en Cuba

Publicado en el blog PaquitoeldeCuba

A pocos días de que esta bitácora cumpliera sus ocho años de existencia —el pasado 4 de diciembre—, reproduzco mis respuestas para el debate Medios y diversidad sexual… pasos en el camino, síntesis muy personal sobre los resultados y carencias en el reflejo mediático de la diversidad sexual en Cuba.

Les invito además a seguir los enlaces al sitio de la corresponsalía en Cuba del Servicio de Noticias de la Mujer de Latinoamérica y el Caribe, SEMlac, para que puedan conocer también las opiniones de Ivet Gonzáles Lemes y Yadiel Cepero, mis colegas de profesión y activismo respectivamente, quienes aportaron puntos de vista muy reveladores sobre el tema.

A continuación, las preguntas de SEMlac y mis breves consideraciones:

¿Qué distingue al tratamiento mediático de la diversidad sexual en Cuba hoy?

Estamos en un punto intermedio entre una primera etapa de abordaje limitado y bajo el control de una dosificación estricta y centralizada para los diferentes medios tradicionales, y la siguiente fase, todavía no alcanzada del todo, pero de la cual ya hay señales, que implica un reflejo natural de la diversidad sexual existente en la sociedad cubana, de acuerdo con los valores noticias y los resortes periodísticos de cada hecho concreto.

Por consiguiente, todavía el tratamiento mediático resulta segmentado e incompleto, no pocas veces con vacíos informativos notables en los medios tradicionales ante acontecimientos internacionales o nacionales que vinculan con la temática LGBTIQ, aunque hoy es mucho más frecuente la aparición en la prensa de materiales periodísticos y programas culturales que la abordan y, por lo general, no pasa inadvertido ningún hito para una comunidad de personas y activistas que siguen el tema por los medios alternativos y las redes sociales en internet.

¿Crees se ha avanzado en estos últimos años? ¿Por qué?

Sí, hemos avanzado. Por varios motivos:

Es el resultado de la introducción del tema en la agenda pública, a partir de las Jornadas Cubanas contra la Homofobia y la Transfobia y, en general, de la labor educativa, científica y de apoyo al activismo social que desempeña el Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex).

Constituye un reflejo del avance en la conciencia social a partir del debate ciudadano existente, cuya expresión y síntesis política más contundentes en el plano formal son los pronunciamientos del Partido Comunista de Cuba en su VI y VII Congreso, al introducir como un objetivo el enfrentamiento a la discriminación por orientación sexual e identidad de género.

Hay más flujo de información y contenidos comunicativos sobre la diversidad sexual provenientes de otros países, y también más preocupación, sensibilidad, implicación y conocimiento por parte de creadores, periodistas y comunicadores en Cuba.

Existe una mayor permeabilidad entre las agendas de los medios y de la ciudadanía, en este y otros muchos asuntos, a partir del incremento en el acceso a internet y otras vías de comunicación (la telefonía celular, el correo electónico y “el paquete” semanal[i])

¿Cuánto han aportado los medios digitales y las redes sociales en la lucha contra la homo/lesbo/transfobia?

Como ocurre también en otras sociedades, los medios digitales alternativos y las redes sociales constituyen la principal vía de comunicación e interacción social para conocer, seguir y participar —indirectamente— en este tipo de lucha. Todavía tales espacios comunicativos no son tan efectivos, sin embargo, como vía para la movilización real y efectiva, pues con ese propósito prevalecen los mecanismos institucionales, de mucho mayor alcance, credibilidad y validación política en la sociedad cubana. No obstante, es creciente la influencia de los estados de opinión que generan estos medios y redes para el avance en la discusión de políticas públicas más inclusivas en relación con la diversidad sexual y en la infiltración de tales contenidos hacia el periodismo tradicional y otros espacios de deliberación pública y política.

¿Qué estrategias y acciones crees son vitales para la inclusión orgánica de la lucha contra la homofobia en la agenda mediática nacional?

Superar las grandes limitaciones y problemas que existen en la concepción y desarrollo del periodismo en Cuba, en su mayoría o principalmente no atribuibles a sus profesionales, sino como consecuencia de políticas comunicativas retardatarias e ineficaces frente al nuevo paradigma comunicacional global, así como de la aparente incomprensión o subvaloración sobre el papel de los medios en la sostenibilidad del proyecto socialista cubano.

Fortalecer el activismo LGBTI mediante mecanismos y estructuras coherentes con las peculiaridades de la sociedad civil cubana, de modo que pueda ser más efectiva la exigencia en el cumplimiento de la política del Partido Comunista de Cuba.

Incrementar la capacitación y formación de profesionales y creadores en materia de derechos humanos, en particular en relación con las demandas, características y necesidades de la comunidad LGBTIQ.

Conseguir un liderazgo político más amplio que no desconozca el tema o rechace hablar sobre la diversidad sexual y la no discriminación por orientación sexual e identidad de género.

Suprimir de una vez y por todas, mediante el debate público sobre la base de una rigurosa investigación científica e histórica, los vacíos, silencios y opacidades en el análisis de los errores y las injusticias que se cometieron en épocas anteriores, como resultado de la homo/lesbo/transfobia.

 

[i]El “paquete semanal” es una compilación de un tera bite que reúne contenidos diversos (desde informativos, películas y revistas, anuncios publicitarios, eventos de deporte, etc.) y circula de manera informal por todo el país.

Activismo sin prisa y resultados con pausa ¿o viceversa?

tomado del blog Paquito de Cuba

El estado del activismo a favor de los derechos de las personas lesbianas, gais, bisexuales, trans e intersexuales (LGBTI) en Cuba y sus resultados requiere, para su análisis, que tengamos en cuenta la marcha del proceso de transformaciones económicas y sociales que tiene lugar en el país desde hace más de un lustro.

Aunque a la inclusión en la agenda pública del debate sobre el respeto a la libre orientación sexual e identidad de género le precede en tiempo, fue bajo la sombrilla de la llamada actualización del modelo económico y social que inició en 2011— con el VI Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC)— que el tema cobró cuerpo en sus cambios más sustanciales.

En particular resultaron momentos clave la Primera Conferencia Nacional del PCC en 2012 que incluyó entre los objetivos de trabajo de esa organización política el enfrentamiento a la discriminación por orientación sexual, y la aprobación en diciembre de 2013 del Código de Trabajo, la primera ley que de forma explícita incluyó una protección para las personas homosexuales.

Como hito más reciente, está la ampliación de este enfoque también al reconocimiento de la identidad de género dentro de los documentos programáticos del VII Congreso partidista en 2016, pronunciamientos políticos que deberían facilitar la implementación de nuevas políticas públicas y garantías jurídicas para quienes todavía están en desventaja social como consecuencia de la ancestral cultura patriarcal, machista, homofóbica y transfóbica.

De forma paralela, el activismo para debatir y abogar por los derechos de las personas LGBTI aumentó su visibilidad durante este último periodo. Influyó la articulación de redes de personas y profesionales con interés y sensibilidad hacia el asunto, así como el reclamo cada vez más frecuente, por diversas vías y a título individual, de quienes poco a poco conseguían un mayor empoderamiento desde las múltiples identidades sexuales.

Como antecedente ya existían, desde los primeros años del milenio, inquietudes de grupos que recibían determinada atención desde el estatal Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex), como parte de programas de atención de salud (en el caso de las personas transexuales) y a partir de un acercamiento por iniciativa propia (como ocurrió con las mujeres lesbianas y bisexuales).

También la lucha contra el VIH/sida y los proyectos comunitarios para la formación de promotores voluntarios de salud, que desde finales de la pasada década del noventa comenzaron su articulación en muchos territorios del país, derivaron de modo tangencial en un punto de partida para hablar sobre la norma no heterosexual y nuclear, una incipiente base de futuros activistas y profesionales que fueran más allá del enfoque salubrista.

No obstante, fueron las Jornadas Cubanas contra la Homofobia y la Transfobia organizadas por el Cenesex a partir de mayo de 2008 —un año antes tuvo lugar la primera celebración pública del 17 de mayo como Día Internacional a favor de esa causa—, las que sin dudas ubicaron la cuestión de la diversidad sexual de manera progresiva y creciente en el foco del interés y discusión ciudadana en todo el país.

Fue así como la cuestión de los derechos LGBTI infiltró —de forma subyacente, secundaria, y no sin muchas resistencias homofóbicas y transfóbicas, es cierto—, las discusiones públicas para la elaboración de los Lineamientos para la política económica y social del país que aprobó el Partido en 2011, así como el posterior análisis ideológico de su Primera Conferencia Nacional.

El liderazgo político

El documental de Lizette Vila o Padres en plural

Tomado del Blog Paquito de Cuba

No voy a intentar hacer una reseña ni valoración del documental de Lizette Vila e Ingrid León, porque sería juez y parte, y eso estaría muy feo. Más cuando todavía estoy bajo la impresión del apoteósico estreno que este sábado 18 de noviembre tuvo Soy papá… de cualquier manera, en un cine Yara a tope, lo que obligó a ofrecer una doble función.

Solo quería agradecer por el regalo, que fue grande, para mi hijo, mi pareja y para mí, que pudimos disfrutarlo además entre tanta gente amiga y buena. Apenas me repongo, eso sí, del susto de ver mi cara — ¡qué horror!— en pantalla gigante.

Admito también de modo autocrítico que subestimé el impacto de esta realización del Proyecto Palomas.

En el lobby del Yara, al salir, testimoniantes y familiares recibimos muchas muestras de afecto.

Poco más de 30 minutos con los jirones biográficos de una decena de hombres, nunca pensé que suscitaran tanta amable y hasta desbordada atención de un público amplio y diverso.

En lo personal, lo que más me gustó fue conocer las restantes historias de esta entrevista coral —conmovedora a ratos, a veces hilarante, auténtica siempre—, por lo que muestran, y más aún, por lo que uno puede adivinar detrás de cada testimonio.

Fue lindo e inmerecido poder compartir el escenario con tan grandes padrazos al concluir la proyección, y recibir junto a ellos, sus familiares y mi hijo Javier, la solidaridad y el afecto que el público nos prodigó con un aplauso que interpreto como un reconocimiento, no individual, sino colectivo, para todos los papás.

Pedro Enrique Galiano Rego

Porque más allá de los propósitos explícitos que lo enlazan con campañas internacionales y causas sociales justas, este audiovisual resulta en última instancia una reivindicación de la paternidad, cuyos mejor saldo no es el melodrama —que lo hay, no faltaba más, hablamos de Lizette Vila—, sino la fuerza natural de una alegría, realización u orgullo difícil de explicar, pero fácil de percibir hasta en sus relatos más tristes o desgarradores.

Omar Montalvo Chirino

Otro acierto grande fue su proyección vísperas del 19 de noviembre de 2017, Día Internacional del Hombre, esa celebración que existe desde los años 90 del siglo pasado, pero muy pocas veces recordamos.

Esto hace todavía más valiosa y oportuna la mirada a estos padres cubanos —progenitores o biográficos—, que comparten distintas experiencias desde diferentes edades, estados civiles, profesiones, territorios; sin olvidar variables como la orientación sexual y la identidad de género, al incluir otras perspectivas masculinas que la noción tradicional de hombría usualmente intenta ignorar, silenciar o al menos disminuir, disimular.

Tomás Griñán Portuondo

Me congratulo, pues, de formar parte de este homenaje, reflexivo, inquietante y problematizador, sobre la experiencia humana más intensa y enriquecedora que conozco: ser papá.

Juan Nodarse Ramos

Gracias, Ingrid; gracias, Lizette.

Marino Ernesto Luzardo Badía

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