Un romero de mayo

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El romero no es un gentilicio aprobado por la Real Academia de la Lengua Española; algún día lo será. Vale decir, en su defensa, que aunque el romero proviene de muchos lugares, comparte un espacio y tiempo común para sentirse, autodefinirse o actuar como tal: las Romerías de Mayo.
Las Romerías de Mayo son igual de intranquilas que un Festival Internacional de Cine, solo que a nadie se le ocurre andar con una bufanda; de hecho la vestimenta clásica o ideal de un romero es un buen short, unas buenas dupé, un buen pulóver del Che (si es desmangado mejor) y una buena gorra o un buen sombrero. Todo preferiblemente bueno, porque en Romerías lo malo se vota a matar. Digamos que ser positivos es obligatorio en Romerías.
La vida de un romero dura exactamente una semana. Inicia el día dos en el Bosque de los Héroes, en la Avenida de Los Libertadores de la Ciudad de Holguín, con un buen concierto pre-romerías, que solo se sabe cuándo inicia y a veces ni siquiera se sabe. El programa es así de inverosímil.
Después de dormir unas cuatro horas, a lo sumo cinco, el romero se incorpora al desfile inaugural, que concluye en La Periquera o Casa Consistorial, frente al Parque Calixto García. Allí, bajo un sol que disuelve piedras, espera las palabras de bienvenida del Comité Organizador del evento y la señal de arrancada para iniciar la marcha hasta la Loma de la Cruz, donde será colocada una réplica gigante del Hacha de Holguín, pieza indígena convertida en símbolo de la ciudad. Luego, otro buen concierto y a “romeriar”.
La marcha no es un invento de las Romerías de Mayo, forma parte de una tradición que inició hace 225 años, cuando el fraile franciscano Antonio Joseph Alegre subió con una cruz en sus espaldas la elevación más cercana a la Ciudad de Holguín. La cruz, desde lo más alto, protegería a los pobladores de epidemias, maleficios y catástrofes naturales. La cruz aún permanece en la loma, aunque lo de las catástrofes naturales es cuestionable.
Sucedió un lunes 3 de mayo; desde entonces los ciudadanos esperaban la fecha cada año para ascender hasta La Loma de la Cruz y realizar festejos católicos. Esta manifestación social espontánea se erigió en tradición popular que asumiría el nombre de Romerías de la Cruz de Mayo. Cerca de 23 años después se terminó de construir una escalinata con 458 peldaños, que facilitaría el acceso a la elevación.
Muchos romeros desconocen estos apuntes históricos, a pesar de que el propio slogan de este magno evento cultural advierte que “no hay hoy sin ayer”. Y precisamente ayer, dígase un 3 de mayo de 1994, un grupo de intranquilos muchachos, miembros de la Asociación Hermanos Saíz (AHS), con Alexis Triana al frente, decidió fundar un espacio para los jóvenes artistas, que tomó como pretexto la mencionada festividad religiosa, para convertirla en las Romerías de Mayo: una fiesta de carácter eminentemente cultural.
Además de intranquilos no pocos llamaron locos a estos primeros romeros, que lucubraron la idea en medio de una década “especial”, pero como bien dicen “es mejor aguantar a un loco…”, imagínense a unos cuantos. A la AHS holguinera no le importó escasez de combustible, apagones gratuitos y carencias de cualquier raza para convertir el sueño de las Romerías en una realidad tan objetiva como los tantos jóvenes artistas del país que se dieron cita en la Ciudad de los Parques para hacer de la cultura un idioma común.
Desde entonces la provincia de Holguín se convierte cada mayo en la Capital del Arte Joven donde se conjugan tradición y modernidad para mostrar lo más representativo de la cultura nacional e internacional, además de los mejores proyectos de la AHS en el país.
Romeros de todas partes llegan hasta este territorio nororiental para retroalimentarse del buen arte nacional e internacional desde la emisión o la recepción. La ciudad se convierte en un hormiguero y se respira un aire bohemio que invita a descubrir el amanecer abrazado a una guitarra en cualquiera de sus parques.
Desde el día dos hasta el ocho el descanso sale de vacaciones y tropezar con el arte se vuelve un algoritmo cotidiano, obligatorio. Un total de 15 espacios culturales invaden la ciudad con música de cualquier tipo y con cualquier nombre: desde “Electroromerías” hasta “Dame una canción”; las artes plásticas encuentran su “Babel”; el audiovisual encuadra desde su “Cámara azul”; los versos más libres llegan de “Los poetas del mundo”; el debate intelectual rescata la “Memoria nuestra” y el teatro y la danza amanecen en las calles de la ciudad. Sencillamente, Holguín se vuelve una fiesta.
El ocho por la noche se baja El Hacha de la Loma de la Cruz y se traslada hasta el edificio más alto de la ciudad (18 plantas), donde es izada para perpetuar el abrazo de lo tradicional con la modernidad. Cerca del lugar se siembra un árbol como huella del evento y símbolo de continuidad, y un concierto cierra las cortinas de las fiestas para desvelar por última vez a los miles de romeros que de seguro renacerán en Holguín en el próximo mayo.

por: Luis Mario Rodríguez Suñol

Un romero de mayo

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