Yo rezo por ti, Paquito

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Yo rezo por ti, Paquito

Yo rezo por ti, Paquito

Por: Luis Mario Rodríguez Suñol

Fuente: https://micubaneo.wordpress.com

No soy católico ni devoto a religión alguna. Pero tampoco soy ateo; más cuando de vez en vez lanzo mis “Gracias a Dios”, o en plan desesperado, suelto mi clásico “Señor, tírame un salve”. Más, cuando me he santiguado varias veces y casi asfixio la circulación de mi niña con una cinta roja en el pie izquierdo. Aclaradas las bases teológicas de este texto continúo.

Quiero hablar de Francisco o Paquito, no del Sumo Pontífice, no de su Santidad, no del Santo Padre, no del Obispo de Roma. Y discúlpenme los que se ofendan por mi espontánea informalidad, pero les recuerdo que gracias a dios no soy devoto a religión alguna. Tampoco creo que al Papa le moleste, y si de algo sirve, yo siento que lo conozco de toda la vida.

El Paquito del que les hablo se convirtió de la noche a la mañana en el primer Papa latinoamericano y jesuita de la Iglesia Católica, y desde el 19 de septiembre en el tercer Papa que visita a nuestro país. Sin embargo, la visita de Francisco ha dejado un sabor popular sin precedentes en la Isla. Hay sus razones. Primero, Paquito es de la zona. Segundo, Paquito habla perfecto español, y sobre todo perfecto argentino. Tercero, Paquito es un Papa fuera de lo común, por decirlo del algún modo.

Francisco, antes Jorge Mario Bergoglio, llegó al Vaticano para sacudirlo a intramuros. La humildad, se ha convertido en su escoba. No usa las lujosas zapatillas rojas, se mudó a un pequeño apartamento en el Vaticano y guardó el Mercedes papal en el garaje, para utilizar un Renault de 20 años de antigüedad con 305.775 kilómetros recorridos.

Paquito agarra su Samsung Papal o su tablet eclesiástica y se pone a twittear. Sí, el papa está en twitter y tiene más de 10 millones de seguidores. Se para en la Plaza San Pedro y en un discurso le pide perdón a los divorciados por el daño que les ha hecho la iglesia católica al no aceptarlos.

Su carisma se divorcia de los protocolos y dogmas de la nunciatura vaticana. Sus discursos son escritos y leídos a la izquierda. Ha denunciado ampliamente “un nuevo colonialismo” que crea políticas con consecuencias nefastas para los pobres. Manifestó con la lengua bien rasurada, que el capitalismo deshumaniza y que el dinero debe servir y no gobernar.

Hay dos pasajes que han desvelado mi admiración por él. Uno, cuando el Jueves Santo, en el 2013, se inclinó para lavar los pies de dos musulmanes. El otro cuando recibió a un transexual en visita privada. Después de eso, me dije: “Este tipo es un líder”. Mentira, antes dije: “Este tipo está loco”.

Paquito llegó a Cuba sin avión privado ni papamóvil claustrofóbico. Eso nos los hizo mucho más terrenal. Se bajó del auto cuando quiso y no cuando debía. Tocó al pueblo y el pueblo lo tocó a él. En Estados Unidos le asignaron un carro blindado y lo primero que hizo al subir fue bajar la ventanilla y saludar a la gente.

Francisco se para ante el pleno del Congreso de los Estados Unidos, y les dice: “En definitiva: queremos seguridad, demos seguridad; queremos vida, demos vida; queremos oportunidades, brindemos oportunidades”.

De su visita me quedo con varias cosas. Con la frase que concluyó la homilía que leyó en La Habana: “Quien no vive para servir, no sirve para vivir”; con el gesto de agarrar la mano de Raúl y colocarla en su corazón, con cada bendición que realizó, y sobre todo con su definición del pueblo cubano: “Un pueblo que tiene heridas, como todo pueblo, pero que sabe estar con los brazos abiertos, que marcha con esperanza, porque su vocación es de grandeza”.

En su estancia por Holguín no tuve la posibilidad de verlo, pero más que verlo hubiese querido darle un abrazo, y justo antes de que los rascacielos segurosos del vaticano me alejaran de él, decirle de corazón: “Yo rezo por ti Paquito”.

 

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